martes, 8 de septiembre de 2015

Irena Sendler el silencio del heroísmo.



Irena Sendler salvó más de 2500 vidas del gueto de Varsovia y sus acciones fueron descubiertas por el mundo después de cincuenta años.
Armando Enríquez Vázquez.
La historia de Irena Sendler fue sencilla como es la vida y tiene la grandeza de ese puñado de seres humanos que actúan únicamente a partir del altruismo y el sentido de solidaridad. Es además, la historia de una de esas muy raras personas que nunca buscan el reconocimiento de sus acciones.
La historia puede contarse desde muchos ojos y con muchas voces, más de dos mil quinientas a las que Irena les devolvió la esperanza de vida en uno de los peores momentos de la humanidad. Se puede iniciar contando la vida de Irena de manera lineal con su nacimiento en Varsovia el 15 de febrero de 1910. Su nombre Irena Krzyzanowska. Poco tiempo después de su nacimiento su padre, el doctor Stanislaw Krzyzanowski decidió  trasladar a la familia al poblado de Otwock, cercano a la capital de Polonia. La madre de Irena se llamaba Janina. Cuando Irena tenía tan sólo siete años su padre murió al contagiarse de tifus epidémico. El doctor atendía a todo tipo de pacientes, incluso a aquellos que otros médicos temían revisar por ese miedo a contagiarse o por su religión. La imagen de su padre siempre estuvo presente en Irena en dos frases sencillas y contundentes que fueron reglas en la vida de Irena; la gente se divide en buenos y malos, únicamente por sus actos, no por sus posesiones materiales o religión. La otra: siempre ayudar a quién lo necesite.
Otra manera de iniciar la historia ocurre casi noventa años después, en 1999, cuando de manera casi simultánea, en una comunidad rural de menos de 300 habitantes en Kansas, cuatro estudiantes de preparatoria investigando sobre el Holocausto descubrieron su nombre en un recorte de periódico, que les dio un profesor. Irena Sendler de acuerdo con la nota había sido una mujer que había ayudado a sacar niños del gueto de Varsovia, mientras el hijo de Irena moría de un infarto, tal vez si llegar a conocer jamás la grandeza d su madre. Aquellas cuatro muchachas recuperaron la historia de Irena para el mundo.
O podría iniciar aquel día que los nazis anunciaban la muerte de Jolanta, una mujer miembro Zegota, el grupo clandestino que actuó en defensa de los judíos en la Polonia ocupada por los Nazis, mientras que Irena leía la nota sabiendo que Jolanta, su nombre clave en Zegota, no había muerto, sino que había escapado de la ejecución cuando miembros de la organización sobornaron al militar alemán encargado de llevar a Sendler al paredón.
Tras la muerte de su padre, los líderes judíos de Otwock se acercaron a la madre de Irena y le propusieron hacerse cargo de la educación de la pequeña hija del médico que jamás les negó su servicio. Irena en su juventud se inscribió al Partido Socialista de Polonia y en la Universidad se manifestó en contra de la discriminación de catedra en contra de los judíos existente en su país. Irena comenzó a trabajar antes de la guerra como una trabajadora social. Cuando en 1939 Alemania invadió Polonia y comenzó la política en contra de la población judía que culminó con la creación del gueto de Varsovia donde más de cuatrocientos cincuenta mil personas fueron encerradas. Irena aprovechó sus credenciales de trabjadora social, para entrar al gueto, asimismo consiguió papeles como especialista en epidemias contagiosas que le permitían entrar sin que ningún soldado alemán opusiera resistencia. Irena dentro del gueto siempre llevaba una banda con la estrella de David como símbolo de solidaridad con los habitantes del gueto.
La labor de Irena comenzó en ese momento, no sólo creando documentos falsos que permitían la salida de judíos de Polonia, si no ideando en cómo salvar a los niños más pequeños del gueto. Los niños eran los fáciles de sacar, que los adultos sin despertar sospechas. Irena se dio a una tarea que no sólo implicaba sacar a los niños del gueto, sino a convencer de un lado y del otro de ese muro de la ignominia a los padres a despegarse de sus hijos, por un lado y a las familias, conventos y organizaciones a recibirlos y hacerlos pasar como propios. Hay que recordar que la ley Nazi penaba con la muerte a todo aquel que ayudara y protegiera a judíos y esta ley fue efectiva sobre todo en Polonia ocupada.
Lo más sorprendente de la investigación de Megan Stewart, Liz Cambers, Sabrina Coons y Jessica Shelton fue descubrir que esta mujer de la que nadie parecía saber nada había rescatado a más personas que el entonces afamado Oscar Schindler al que la cinta de Spielberg inmortalizó. Pero además Irena Sendler estaba viva. Había que darla a conocer al mundo.
Entre 1942 y 1943 Irena Sandler y un grupo de miembros de Zegota, de alrededor de veinticinco militantes, lograron sacar a cerca de dos mil quinientos niños del gueto. En ambulancias como si fueran enfermos contagiosos graves, escondidos debajo de las camillas, narcotizados en bolsa de basura o ataúdes, incluso aprovecharon una iglesia católica que tenía entradas en ambos lados del gueto, los niños que hablaban polaco y podían balbucear oraciones católicas, entraban por el lado judío y salían como niños católicos a la Varsovia no encapsulada.
Irena se encargó de otro trabajo importante, no perder la identidad de cada uno de esos niños que era liberado, para ello Irena escribió en pequeños trozos de papel el nombre y lugar donde cada uno de los infantes se encontraba, lo ponía dentro de un frasco de vidrio y enterraba las botellas debajo de un árbol de su vecino.
La hazaña heroica de Sendler, inspiró a las jóvenes protestantes del centro de Estados Unidos a escribir una obra de teatro; La vida en un frasco. La obra fue un éxito y se representó en la zona de Kansas alrededor de doscientas veces. Lo que atrajo la atención de la sociedad norteamericana.
El 20 de Octubre de 1943 Irena Sendler fue detenida en su departamento por la Gestapo. Llevada a la prisión de Pawiak, donde fue torturada. Los alemanes la golpearon y fracturaron en la tortura tanto los huesos de los pies como las piernas de la joven, pero ella no delató a nadie. Por lo que se le condenó a morir fusilada, cosa que como sabemos no sucedió. A partir de su rescate el trabajo de Sendler se llevó a cabo en la total clandestinidad desde los mismos conventos donde muchos de los niños que rescató vivían.
Al finalizar la II Guerra Mundial Irena se dedicó a tratar de unir a los niños con sus padres pero la gran mayoría de los progenitores había muerto en el campo de concentración de Treblinka. Sendler enfrentó entonces un nuevo autoritarismo, su filiación con Zegota y con el gobierno democrático polaco en el exilio la convirtió en persona non grata para el régimen comunista impuesto por la Unión Soviética y que bajo el antisemitismo de Stalin, similar al de Hitler, no podía aceptar actos de heroísmo de individuos que apoyaran a la democracia y mucho menos si estos iban dirigidos a salvar las vidas de judíos.
Incluso Irena fue condenada por segunda vez a muerte y una vez salvada, esta ocasión por una mujer de origen judío. Irena pasó los siguientes cincuenta años, en silencio, criando a sus propios hijos Adam y Janina, que poco o nada sabían de las actividades de su madre durante la II Guerra Mundial, en la gris sociedad burocrática que imponía el comunismo. Fueron las cuatro estudiantes americanas las que hicieron al mundo conocer a Irena Sendler, las cinco protagonistas se reunieron en Polonia en mayo de 2001. Pero antes en una carta la heroína polaca había escrito a las jóvenes norteamericanas:



Mi emoción sólo es opacada por el hecho de que mis camaradas han muerto todos y el reconocimiento ha recaído únicamente en mí. No encuentro palabras para agradecerles, en nombre de mi país y del mundo el dar a conocer el coraje y valor de estos hombres y mujeres… Antes de que ustedes escribieran La Vida en un Frasco, el mundo desconocía nuestra historia, su obra y su trabajo es la continuación del esfuerzo que iniciamos hace cincuenta años. 
Muchos judíos jamás olvidaron a Irena Sendler y sus actos, en 1965 la organización oficial israelí Yad Vashem, dedicada a conmemorar a las víctimas del Holocausto,  reconoció a Irena Sendler como Justa entre las Naciones y un árbol fue plantado en su nombre en la Calzada de los Justos en Jerusalén. El gobierno comunista de Polonia ignoró los honores y prohibió a Irena salir del país.

Una de las preguntas que más atormentó a Irena  a lo largo de su larga vida fue si había hecho lo suficiente para salvar vidas durante los años de la guerra. Jamás entendió a las personas que le preguntaron cosas tan absurdas como si de haber podido hubiera salvado también adultos, para ella la vida humana era invaluable sin importar edad, sexo, religión o raza. Irena Sendler murió el 12 de mayo de 2008 a los noventa y ocho años de edad.

publicado el 31 de agosto de 2015
Imagenes: es.wikipedia.org