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jueves, 5 de octubre de 2017

Frank Underwood, todo un personaje, pero ya es suficiente.



Frank Underwood en la quinta temporada por momentos vuelve a parecer el personaje ingenuo y débil de las temporadas anteriores lo que lejos de construir sobre la trama, la entorpece.

Armando Enríquez Vázquez

Seguir adelante en la lectura es un acto de libre albedrío, hay los suficientes spoilers para echarte a perder la quinta temporada de House of Cards, pero también puede ser una forma rápida de enterarte a grandes rasgos de porque no debes perder trece horas de tu vida en verla.
La quinta y más reciente temporada de la más importante de las series de Netflix, la que cambió la manera en que vemos el entretenimiento en materia de series, no es ni la sombra de aquella primera entrega que nos mostró como una obra maestra de la televisión inglesa se podía adaptar a los por lo general autocomplacientes guionistas light del entretenimiento norteamericano, aunque, debo reconocer que es por mucho más inteligente y atractiva que las dos entregas anteriores y por lo tanto tiene un par de momentos dignos de verse más de una vez.
Después de dos años de letargo Frank Underwood tiene un par de secuencias dignas de las primeras dos temporadas, cuando conocimos a ese despiadado y ambicioso político capaz de asesinar con tal de obtener el poder.
Claire Underwood aunque por momentos también está a la altura del personaje que se dibujó a lo largo de cuatro temporadas, parece por momentos perder toda su humanidad para volverse un triste espejo que refleja una versión femenina de Frank acartonada y estereotipada. Pero también en más de una ocasión el personaje se desdibuja y parece no tener nada que ver con la fría mujer que por décadas planeo junto con su marido sacrificar el tener una familia por llegar al poder.
La quinta temporada trae de regreso a personajes memorables de la serie; como el presidente Garret Walker. El presidente ruso Petrov y Raymond Tusk, más en lo que parece un desfile de despedida, al más puro estilo de cierre de una serie gringa, que algo realmente relacionado con la trama de la temporada. Los guionistas y productores prefirieron olvidar a personaje que realmente hubiera sido interesante ver desarrollarse en una quinta temporada con los hilos dramáticos que esta tiene, como el grupo de mujeres demócratas encabezadas por la fiscal Dunbar y Jackie Sharp que tendrían mucho que hacer en el caso de las elecciones intervenidas que llevan a Underwood de nueva cuenta a la Casablanca y sobre el hecho de Claire convirtiéndose en la vicepresidenta del gobierno de su esposo. La llegada de nuevos personajes más perversos, inteligentes y obsesionados por el poder que Frank que por momentos vuelve a parecer el personaje ingenuo y débil de las temporadas 3 y 4, lejos de construir sobre la trama, la entorpecen, debilitan a Frank y a Claire. Una trama que por laxa y telenovelesca; Underwood aventando a la secretaria de estado Durant por la escalera o Claire envenenando a Peter Yates el escritor amante de los dos Underwood, transforma lo maquiavélico de las primeras dos temporadas en un melodrama barato y sin pies ni cabeza. A pesar de ello la quinta temporada de House of cards tiene una última vuelta de tuerca interesante que le regresa cierta estatura a Frank Underwood, junto con el monologo con el espectador que el presidente Underwood pronuncia en los momentos finales del penúltimo episodio de la temporada cuando comparece frente al comité del senado que lo juzga.
Y el frío aparte de Claire haciendo saber al espectador el desprecio que siente por él y como ha sido consciente desde un inicio de nuestra presencia a través de la pared de cristal. El capítulo final de la temporada tristemente vuelve a apresurar las cosas para crear una serie de cliffhangers y la frase de Claire Underwood que podría anunciar la sexta temporada.
Alguna vez se habló de que la quinta sería la última temporada de la serie, sin embargo, quedan demasiado cabos sueltos para que así sea, Frank estableciendo un poder más allá del poder, Doug siendo acosado por Hammerschmidt, el periodista del Washington Herald que finalmente tras tres temporadas está más cerca que nunca aclarar el asesinato de Zoe Barnes y El asesinato de la asesora de la vicepresidente; Leann Harvey.
Hay que saber retirarse a tiempo y con honor y para la más icónica de las series de Netflix eso debió haber sucedido dos temporadas atrás, mientras Frank Underwood iba ganando.

publicado en roastbrief.com.mx el 5 de junio de 2017
imagen Netflix.com

jueves, 16 de junio de 2016

House of Cards el terror de la cuarta temporada.





La cuarta temporada es sólo la larga agonía de una serie que parece haber perdido el sentido de maldad humana con la que los personajes fueron escritos en las primeras temporadas.


Armando Enríquez Vázquez

Llegó al fin la cuarta temporada de la serie que cambió muchas cosas dentro del mundo del entretenimiento, los contenidos, la distribución de los mismos e incluso en los premios de la industria norteameicana en la materia. House of Cards, es además la serie icónica de Netflix, que definió el negocio de la empresa y marcó la llegada de una nueva era donde lo que menos importa es la televisión y las cadenas de televisión, anteponiendo al espectador como el verdadero administrador de sus preferencias en la selección de contenidos y su consumo.
House of Cards con dos primeras temporadas excepcionales nos llevaron a todos a ver de otra manera los melodramas maniqueos a los que las grandes cadenas norteamericanas; ABC, CBS, NBC nos tenían acostumbrados con sus historias sobre la Casa Blanca y los políticos más cercanos al primer círculo de poder en Estados Unidos. A principios del siglo FOX con 24 nos mostró presidentes norteamericanos, vulnerables, desquiciados y en la última temporada de la serie, hace un par de años, a un presidente enfermó de Alzheimer, pero todos ellos sólo actuaban para decorar o dar sentido a las acciones de Jack Bauer.
House of Cards optó por contar la historia de un cínico, maquiavélico; un hombre enfermo por el poder y capaz de todo por conseguirlo de la mano de su esposa y cómplice en las buenas, las malas y sobretodo las peores. En pocas palabras la imagen de un político de las últimas décadas. La historia originalmente inglesa y ubicada en el periodo inmediato posterior a la caída de Margaret Tatcher, encontró a un excelente grupo de guionistas, asesores y productores, incluyendo a los responsables del libro y serie británicos, que supieron adaptar la historia a Washington y a hacer personajes en su mayoría despreciables, lo suficientemente atractivos para ver los trece capítulos de las temporadas de un jalón si era posible.
Las dos primeras temporadas fueron extraordinarias y sin lugar a dudas uno de los acontecimientos en materia de contenidos de entretenimiento, mientras Frank Underwood se enfilaba a la presidencia de Estados Unidos, a través de los artilugios y acciones criminales de todo calibre y no de los votos ciudadanos, los espectadores íbamos de sorpresa en sorpresa ante la crueldad, frialdad y menosprecio por todo que definen al seductor personaje que confesaba a la audiencia, en esos apartes teatrales que nos involucraban en el mundo de Frank Underwood,  que la democracia está sobrevaluada.
En la tercera temporada Frank Underwood, finalmente presidente de Estados Unidos se vio sobrepasado por el presidente ruso, la procuradora general de la nación americana y por Claire, su esposa, esa mujer a la que Underwood nos confesó en las primeras temporadas amar como los tiburones aman la sangre.
El personaje que nos llevó hasta esa tercera temporada a partir de su cinismo, de su dureza y de su maquiavélica inteligencia, de pronto, al llegar a su meta perdió el objetivo y sobretodo la fuerza de carácter para mover los hilos del poder y las situaciones a su conveniencia a pesar de ocupar uno de los puestos de poder más importantes en el mundo, a tal grado el personaje de Frank Underwood se debilitó, que al final de la tercera temporada Claire abandonó la Casa Blanca rompiendo finalmente con la pareja criminal que había llegado a la Casa Blanca por medios torcidos y al ser incapaz de enfrentar el proceso electoral legal.
La cuarta temporada es sólo la larga agonía de una serie que parece haber perdido el sentido de maldad humana con la que los personajes fueron escritos en las primeras temporadas y a pesar de que las excelentes actuaciones y los giros de tuerca nos mantienen sentados consumiendo los capítulos, la verdad es que los personajes se han desdibujado, no han evolucionado y al contrario parecen ser cada día más simples clichés de ellos mismos.
Doug Stamper un hombre con una mente retorcida y unidereccional, se convirtió de pronto en un personaje de funcionarios simplón y celoso, buscando enterrar sus pecados con la primera ama de casa que se le aparece. Los giros inesperados en la trama a veces recuerdan más al desesperado disparo de un arma para cambiar situaciones que a acciones reales que modifiquen la trama y nos lleven por nuevos derroteros.
Claire y Frank se hacen más daño a lo largo de la serie, sólo para descubrir algo que era la premisa principal de la serie; un matrimonio creado con el único propósito de hacerse del poder a como diera lugar. La paciencia e inteligencia que llevaron los Underwood al senado de Estados Unidos y más tarde a la presidencia, se transformaron en rabieta de uno contra el otro a lo largo de algunos capítulos, mientras que en otros en una nueva alianza más con sabor a personajes de DC que a una pareja de viejos lobos de mar.
Aquellos inteligentes y memorables momentos en que Frank Underwood atravesaba la pantalla del televisor, para sentarse con nosotros y compartir su pragmática filosofía, su yo interno, han casi desaparecido. Frank Underwood al volverse un personaje débil y más estereotipado ha regresado a su triste realidad 2 D.  
La anticipada batalla entre Underwood y Heather Dunbar, su ex procuradora general de Estados Unidos por la nominación demócrata como candidato a la presidencia se diluye para dar paso a subtramas más de telenovela que de la serie dramática que estábamos acostumbrados. Al final nos queda una promesa vacua que anticipa el terror de una quinta temporada, esperamos que sea la última, que fue ya firmada y se estrenará el año entrante.

publicado el 21 de marzo de 2016 en roastbrief.com.mx

lunes, 2 de marzo de 2015

Underwood regresa.



La tercera temporada de House of Cards está disponible a desde el viernes en Netflix y los hábitos de consumo de entretenimiento siguen haciendo a un lado a la televisión.
Armando Enríquez Vázquez
Frank Underwood uno de los villanos más brillantes en el mundo de las series está de vuelta. El viernes 27 de Febrero Netflix puso a disposición de sus subscriptores trece nuevos capítulos de la serie dramatizada que revolucionó el mundo del entretenimiento: House of Cards.
Hace dos años Netflix sacudió al mundo de la televisión cuando en contra de lo que querían hacer creer los medios establecidos lanzó House of Cards. Demostrando que los contenidos en Internet pueden tener una duración mayor a los 10 minutos, pueden ser de gran calidad y sobre todo son comercialmente rentables. Pero sobre todo acabó con el mito de la penetración de Internet en la población mundial. También puso en claro que las productoras de contenidos ya no necesitan intermediarios para distribuir sus producciones.
La serie de Netflix estelarizada por Kevin Spacey y Robin Wright fue un éxito instantáneo. House of Cards, es un fenómeno mundial. Tal fue el éxito que ese mismo año Netflix lanzó otras dos series originales; Orange is the New Black, un sitcom y Hemlock Grove, una serie fantástica para publicó adulto joven.
House of Cards está basada en una en una exitosa serie de televisión del mismo nombre de los años noventa de la BBC, a su vez basada en una novela llamada House of Cards también, escrita por Michael Dobbs.  
Michal Dobbs, creador de House of Cards, es un político y escritor inglés considerado como una de las mentes más brillantes del partido conservador inglés, fue asistente de Margaret Tatcher, consultor de la Primera Ministro y encargado de sus discursos, Dobbs también fue funcionario del partido conservador durante el gobierno de John Major y en alguna ocasión el periódico inglés The Guardian lo describió como El operador de Westminster.



 Dobbs escribió en 1989 la novela House of Cards cuya trama se centra en un ambicioso líder de los conservadores, Francis Urquhart, quien tras la renuncia de Margaret Tatcher se dedica a planear como ocupar el puesto de Primer Ministro. La novela y su adaptación a la televisión fueron un éxito en Inglaterra y es considerada una de las cien mejores series de televisión producidas por la BBC. Dobbs escribió dos libros más sobre Urquhart y la televisora británica produjó ambos creando una trilogía sobre el ficticio político. Dobbs reconoció hace tiempo que al crear a Urquhart, se inspiró en Ricardo III  de Shakespeare, así de siniestro y maquiavélico es el personaje, pero tiene a su favor el ser carismático a diferencia de deforme monarca inglés.
El nombre del personaje principal de la serie cambió cuando esta se tropicalizó para el mercado norteamericano por el de Frank Underwood.
En materia de series con temática política, tal vez sólo los daneses con Borgen han creado una serie tan adictiva y bien resuelta.
La serie de Netflix fue reconocida por los espectadores, los críticos y los medios. House of Cards, recibió el mejor de los reconocimientos de la industria contra la que en teoría competía cuando recibió nominaciones en las principales categorías de los premios Emmy.
Muchas son las ventajas de las series por internet; poder ver los 13 capítulos cuando uno quiera y a  la hora que quiera, la principal. Hoy los hábitos de consumo de entretenimiento ya no están dictados por los medios, sino por la importancia que tienen para el espectador. Estos mismos hábitos permiten a los productores ofrecer sus series a una ventana de consumidores que abarca a casi todo el planeta.
La televisión como la conocemos vive sus últimos momentos. Las audiencias más jóvenes no la necesitan, las de mayor poder adquisitivo tampoco. Los usuarios de la televisión se van volviendo viejos y analfabetas tecnológicos, carentes de poder adquisitivo en su gran mayoría, por extensión poco atractivos para los anunciantes.



De acuerdo con la AMIPCI (Asociación Mexicana de Internet) en su estudio de 2014; el 51.2% de los mexicanos utilizan ya Internet, con un crecimiento entre 2013 y 2014 de más de 10%, y dudo que la tendencia vaya a retroceder.
Netflix se ha dedicado en los últimos tiempos a salvar series que resultaban incosteables para las cadenas de televisión pero tienen una base de fanáticos a nivel mundial que ayuda a la recuperación de la inversión, estableciendo la supremacía entre los nuevos medios virtuales en su contienda sobre los viejos medios y segmentando más a las audiencias, pero asegurando su público.
Otros medios de Internet han mostrado que lo importante en materia de entretenimiento está por pasar en esta plataforma y no en la pantalla de la televisión. Amazon firmando a Woody Allen para la primera serie del cineasta, Hulu comprando los derechos de CSI y produciendo una serie de J.J. Abrams sobre una novela de Stephen King, llamada 11/22/63.
En Latinoamérica y para los más de 470 millones de hispanohablantes en el mundo, está Clarovideo pero el nicho de mercado ya esta en la mira de Netflix que se encuentra produciendo su primera serie en México; Club de cuervos.

Frank Undewood regresó y Netflix está lista para acabar con esa pequeña competencia que para ellos representan ya las cadenas de televisión.

publicado en thepoint.com.mx el 23 de febrero de 2015.
Imagenes Netflix.com
                bbc.com