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sábado, 18 de diciembre de 2021

Dos visiones de la música negra.



Una de las más importantes influencias de los negros en la cultura es sin duda en el terreno de la música a partir del jazz y del blues. Estas son visiones sobre dos mujeres de la música. 

Armando Enríquez Vázquez

En un año de reivindicación de la cultura afroamericana en Estados Unidos, Hollywood produjo en 2020 diferentes cintas con personajes principales negros, así como biografías de personalidades de la cultura negra de aquel país.

Una de las más importantes influencias de los negros en la cultura es sin duda en el terreno de la música a partir del jazz y del blues todos los anglosajones crearon la música que tanto presumen desde la década de los 50 del siglo pasado a partir de los géneros creados por los afroamericanos.

Aunque en Una Noche en Miami, la menos valorada de estas cintas dirigida por Regina King, uno de los personajes es  el músico Sam Cooke, interpretado por Leslie Odoms Jr., que fue uno de los artistas que sirvió de puente para el reconocimiento de la música negra entre los sectores anglosajones más racistas y poderosos, quiero platicar de las dos cintas que tienen como personajes centrales a dos mujeres del jazz que indiscutiblemente enfrentaron en su momento al sistema norteamericano: Ma Raineys Black Bottom, distribuida por Netflix con el nombre de La madre del Blues y la cinta originalmente distribuida por Hulu pero que puedes ver a través de Amazon Prime Estados Unidos vs Billie Holiday.

La primera esta basada en la obra de teatro del mismo nombre escrita por August Wilson y publicada en 1985, la cinta retrata una sesión de grabación de la legendaria cantante Gertrude Ma Rainey, considerada por algunos como la madre del blues por ser una de las pioneras del género, así como una mujer que rompió al famoso techo de cristal al convertirse en una de las pocas mujeres negras en grabar discos en la década de los años 20 y sólo la segunda en firmar un contrato con una disquera grande como Paramount.

La cinta habla de los clásicos y consabidos lugares comunes sobre el racismo, la degradación y segregación de los negros en Estados Unidos, supuestamente una nación diversa, incluyente y justa, algo que no sucede hasta la fecha.

La película no le hace justicia ni a la cantante, ni a su importancia y no dejando de mostrar un producto surgido del teatro varías de las actuaciones incluyendo la del finado actor Chadwick Boseman resultan demasiado teatrales y estridentes para las pantallas del cine. La creatividad y propuesta son nulas. Perdiendo todo aspecto cinematográfico y convirtiendo la cinta en una simple grabación de una obra de teatro que poco aporta en realidad a la cinematografía.

La extraordinaria actriz Viola Davis da vida a la cantante, pero la mala dirección de la cinta opaca a la actriz encapsulándola en el estereotipo de una mujer caprichosa en lugar de retratar la fuerza de esta mujer que enfrentó los obstáculos que su color y su género le imponían en la década de los años 20, para terminar su vida siendo una exitosa empresaria y construyendo dos teatros en su estado natal; Georgia. Lo más decepcionante de la cinta es que a pesar de tratarse de la vida de una mujer que dedico a la música y cuyas grabaciones en Internet muestran la fuerza y belleza de su voz, no tiene una banda sonora que sea relevante, ni impresionante.

La película se convirtió en una visión de lo que debe ser premiado por razones equivocadas; la muerte de un actor, termina siendo una película más dentro de las muchas que se estrenan a lo largo del año en Estados Unidos; tristemente una más del montón.




Por su parte el retrato de la vida de la gran Billie Holiday, aunque mucho más cinematográfica, también se queda corta al hablar y mostrarnos la vida de esta cantante extraordinaria. La historia da por sentado una serie de cosas que en el fondo son terribles mentiras para la audiencia, como el hecho de que la legendaria Strange Fruit no fue escrita por Holiday, quien, si se fue la primera en interpretar la canción sobre linchamientos arriesgándose con el contenido político de la letra en tiempos en que, a pesar de la supuesta libertad, los negros eran considerados algo menos que simples habitantes de aquella nación. A diferencia de la cinta sobre Ma Rainey, Estados Unidos vs Billie Holiday utiliza a la cantante Andra Day que hizo su debut como actriz en esta cinta. La voz aunque de diferente tesitura a la de Holiday da a las interpretaciones de Strange Fruit y All of me una gran calidad. El personaje esta escrito con profundidad y la contraparte del agente negro del FBI Jimmy Fletcher (Trevante Rhodes) que se infiltra para hundir a la cantante crea la oportunidad para añadir algo de romance en la cinta, aunque este sea al final solo una ilusión entre personas a las que su contexto los define.  

Es curioso que la cinta no esta basada en ninguna biografía novelada, ni obra de teatro si no en un ensayo sobre la adicción de la heroína y las primeras acciones del gobierno norteamericano a través del FBI por organizar la lucha contra las drogas que se titula Chasing the Scream: The First and Last Days of the War on Drugs, del periodista inglés Johann Hari. Harry Anslinger, fue uno de los agentes destinados por el Edgar Hoover al combate de las drogas y un racista acosador de Holiday, interpretado en la cinta por el actor Garret Headlund, el personaje real sobrevivió en la agencia hasta 1962 tres años después de la muerte de la cantante. El guion fue escrito por Suzan-Lori Parks.  

En ese sentido la película hace un retrato claro de las persecución, intolerancia, impunidad y racismo de la política de Estados Unidos en contra de los ciudadanos, en este caso en contra de Billie Holiday. La película a pesar de ser una historia de la caída de una estrella, jamás nos hace ver a Holliday demasiado mal hasta sus últimas escenas, a diferencia de otras cintas sobre estrellas negras musicales como la inolvidable Bord de Clint Eastwood (1988) sobre la vida del saxofonista Charlie Parker con la brillante actuación de Forrest Whitaker o Ray (2004) de Taylor Hackford que le valió a Jamie Foxx un Oscar por su actuación. Aún así la cinta es muy recomendable.

Publicado en roastbrief.com.mx en agosto de 2021

imágenes Netflix y Amazon

jueves, 29 de agosto de 2019

La música del diablo y otras historias.



La encrucijada del Diablo, en el que músicos de todos tipos y estilos hablan sobre el talento de Johnson, se vuelve una reflexión que va más allá del talento de Johnson; habla del bien y el mal en la música.

Armando Enríquez Vázquez

En 1986, uno de mis directores favoritos de cine de acción: Walter Hill estrenó una cinta sui generis que nada tenía que ver con su filmografía: Crossroads, en la cartelera mexicana bautizada como Encrucijada, narra de manera muy libre la leyenda que rodea al músico de Blues Robert Johnson un músico excepcional a quien a como otros grandes músicos entre los cuales destacan Paganini y Giuseppe Tartini, se le atribuye haber hecho un pacto con el diablo para ser grandes músicos.
La película de Walter Hill que no deja de ser muy ochentera, y discriminatoria del papel de los negros en la música de la época; el personaje principal es Ralph Macchio, (Karate Kid) interpretando a un joven de ascendencia italiana, Eugene Martone, que estudia en Julliard y además de ser un extraordinario y talentoso guitarrista clásico está obsesionado por la historia del Blues y por encontrar una supuesta trigésima canción de Robert Johnson. Sólo se conocen 29 canciones que el músico de principios de siglo dejo grabadas. Martone encuentra en un asilo neoyorquino a un músico viejo que conoció a Johnson. El viaje de ambos personajes de Nueva York a Luisiana en busca del famoso cruce de caminos donde Johnson una noche realizó el pacto y que en la película también lleva a cabo en su juventud el viejo músico y personaje ficticio Willie Brown, también conocido como Perro Ciego.
La historia más allá de ser una clara referencia a las historias de iniciación, un tanto cuanto fresa, donde los personajes caucásicos políticamente correctos sobresales ante los músicos de color y los ignorantes rednecks que habitan en el sur de Estados Unidos. El extraordinario guitarrista Steve Vai, que en la cinta interpreta a Jack Butler, el protegido en ese momento del diablo, ejecuta un prodigioso solo de guitarra durante la secuencia del duelo final en el que Martone intenta demostrar su superioridad para recuperar el alma de Willie.
La semana pasada Netflix estrenó un documental de la serie ReMastered, sobre Robert Johnson. La historia se basa y trata de aclarar la leyenda de cómo sin que nadie supiera de que manera pasó de un guitarrista normal a uno extraordinario de un año a otro, año en el que Robert desapareció de la escena de los interpretes y autores del blues en Luisiana. Gracias a esta ausencia se forjó la leyenda de su pacto con el diablo, algo que el extraordinario guitarrista jamás desmintió permitiendo que la leyenda creciera. El documental titulado La encrucijada del Diablo, en el que músicos de todos tipos y estilos hablan sobre el talento de Johnson, se vuelve una reflexión que va más allá del talento de Johnson, la admiración de músicos extraordinarios como Keith Richards por él. Un documental que ahonda en la visión distorsionada de cómo el Blues llegó a ser vista por muchos negros como una música del diablo opuesta el Góspel básicamente por lo lugares en que se interpretaban cada uno de estos estilos. Los antros y las iglesias. La incomprensión y la intolerancia. Algo similar a lo que pasó cuarenta años después con el Rock. Robert Johnson murió envenenado a los 27 años, sólo dejó 29 canciones grabadas y dos fotografías. A lo largo del documental queda clara la influencia de la música de Johnson.
Me llamó mucho la atención el concepto del documental y la fuerza del mismo, lo reflexivo y sobre todo lo poco condescendiente con la actitud de la sociedad negra a ciertos músicos negros y la estigmatización del músico que con el tiempo habría de convertirse en un artista de culto, de la misma manera que ha sucedido a lo largo de la historia de la humanidad en todas las culturas a muchos artistas.
Atraído por el documental, vi otros dos de la serie: Miami Showband Massacre, acerca de una historia que no conocía sobre una popular banda irlandesa de los años setenta que fue emboscada en un falso retén del ejército inglés y tres de sus miembros asesinados por los radicales protestantes que eran la facción terrorista opuesta al Ejercito Revolucionario Irlandés conocida como Fuerza de Voluntarios de Ulster en contubernio con los servicios de inteligencia del gobierno inglés. La historia que de por sí es tremendamente poderosa, tiene consecuencias hasta la fecha y nos demuestra como la política no discrimina al momento de matar y muchas veces es mucho más siniestra de lo siniestra que nos quieren hacer pensar que es. Sin duda de los tres que he visto este es el mejor y más perturbador, porque la premisa de atacar a la música y querer convertirla en algo terrorista resulta peligrosamente absurda y real.
El otro titulado Tricky Dicky and Man in Black y que hace referencia a la actuación que tuvo Johnny Cash en la Casa Blanca invitado por el presidente Richard Nixon en 1970, quien esperaba sacar de esta visita una ventaja política y obtuvo de una manera muy políticamente correcta, pero directa, una bofetada a su política en Vietnam. La reflexión en este documental va en el sentido de la responsabilidad del artista frente al poder, frente a valores tradicionales como el sentido de patria opuesto a la decencia y la verdad.
En los próximos días veré otros documentales de esta interesante serie, el de Víctor Jara me llama mucho la atención, pero tengo que hacer estómago, el simple nombre del cantautor chileno me recuerda los relatos de horror que tantos compañeros chilenos y argentinos que llegaron exiliados a México y a la escuela contaban. Vale la pena ver ReMastered porque está bien recordar que más allá del placer y el hedonismo que nos produce la música, esta representa muchas otras cosas que no son menores y no están peleadas con su belleza. 

publicado en roastbrief el 8 de mayo de 2019
Imagen Netflix

martes, 26 de mayo de 2015

B. B. King y la publicidad.



El pasado viernes murió una de las leyendas de la música, además del legado artístico, el guitarrista participó en unos cuantos comerciales.
Armando Enríquez Vázquez.
El pasado 15 de mayo poco después de levantarme me enteré de la muerte de B. B. King. Inmediatamente recordé muchos de las canciones del guitarrista que tanto me gustan. Las imágenes del video de Lucille en los años ochenta. Inmediatamente me pregunté si un hombre de su popularidad, su carisma y su arte no habría sido utilizado por la publicidad para realizar algún comercial y estos son los pocos que encontré gracias a un texto que publico ese mismo viernes el sitio de Adweek
A finales del año pasado y principios de este Toyota utilizó al músico para anunciar el modelo 2015 del Camry. La chica que protagoniza el comercial descubre una guitarra que tiene el nombre de Lucille y conduciendo su Camry se la lleva a B. B. King quien a manera de agradecimiento autografía otra guitarra que le obsequia a la muchacha. Contra el comercial, sin embargo, se presentó una demanda legal por parte de un hombre llamado Eric Dahl. En 2008, Dahl protagonizó esa historia en la vida real, misma que fue publicada en un libro de Dahl titulado BB King’s Lucille and the Loves Before Her, en 2013. Dahl en realidad encontró una de las guitarras Gibson Lucille de King en una tienda de empeños, la compró y se la regresó al músico quien le regaló una guitarra autografiada. Un tribunal aceptó la demanda y negó a Toyota el sobreseimiento de  caso.
Lo que nos demuestra que aún en agencias de publicidad tan renombradas como Saatchi & Saatchi tienen creativos que no lo son tanto.



Ese fue el último comercial que filmó B.B. King pero con anterioridad hizo otros.
B.B. King padecía diabetes desde hace ya más de 15 años y por lo mismo fue el vocero perfecto para la farmacéutica Johnson & Johnson y en especial para los productos de la línea OneTouch Ultra. La serie de comerciales van desde uno donde el artista habla de las ventajas de nuevo medidor que no necesita utilizarse con sangre de los dedos, los cuales para él eran esenciales para rasgar las cuerdas de la guitarra, y una serie que hizo con la también guitarrista Cristal Bowersox quien fue segundo lugar en la novena temporada de American Idol  y que de manera natural hablan del encuentro entre ambos músicos y lo relaciona con la seguridad que se tiene al utilizar los productos de la marca OneTouch Ultra.



Existe también uno muy peculiar y gracioso para Fritos filmado en 1991, que llamó mi atención. En él mientras B.B. King toca la guitarra y canta el jingle un par de ancianos disfrutan de sus Fritos en el porche de su casa, al final la anciana se levanta de la silla y hace un movimiento de modelo.



Pero además encontré algunos anuncios para impresos que utilizaron la imagen del músico en su estrategia. Por supuesto para Gibson, la marca de guitarra que utilizaba King. Pero también para emusic, para la marca de amplificadores LAB y uno más para la marca de audio cassetes Memorex, en el cual se hace referencia realmente a Lucille, su guitarra y la capacidad de la cinta para reproducir con fidelidad el tañido de las cuerdas y todas las notas.
Pensé que aprovechando su afabilidad y fama B.B: King habría hecho más comerciales, pero en realidad estaba más ocupado en algo más importante como tocar el blues.

Más allá de estos datos válidos para la trivia deberíamos poner un disco de él y honrar su memoria.

publicado el 18 de mayo de 2015 en thepoint.com.mx
imagen es.wkipedia.org

jueves, 1 de marzo de 2012

La encrucijada del Diablo

De Robert Leroy Johnson se sabe casi nada, sólo que fue uno de los músicos que mayor influencia tuvo en la música del siglo XX, murió muy joven y dicen que hizo un pacto con el Diablo.


Armando Enríquez Vázquez

El gran Martin Scorsese escribió; “El asunto con Robert Johnson es que únicamente existió en sus grabaciones, todo lo demás es pura leyenda”.

Por donde iniciar una historia basada en leyendas, en historias orales, en rumores, en la mala memoria de aquellos viejos que tenían que contarla cuando el interés se despertó de nuevo por el personaje, muchos años después de su muerte. Tal vez, por aquella noche en la que cambió la vida de nuestro personaje. Pero esa noche, es la mayor de todas esas leyendas.
No existe una fecha, apenas vaguedad sobre el lugar donde esto ocurrió, unos dicen que fue en la actual intersección de las carreteras interestatales 61 y 49 en Clarksdale, Missouri, otros dicen que esto no puede ser porque el tipo de blues que interpretaba Robert Johnson interpretaba y que se conoce como Delta Blues, por ser típico de los poblados del delta del Mississippi, no se tocaba en esos años en esa región, entonces ponen el lugar del encuentro en la intersección de las carreteras 1 y 8 en Rosedale, Missouri. Se sabe que tras la muerte de su esposa, Robert Leroy Johnson, que en ese momento contaba con diecinueve años de edad, decidió volverse un músico itinerante. Acompañado sólo de su guitarra Robert caminaba una noche por las oscuras carreteras de Missouri, al llegar a una encrucijada se topó con un hombre negro bien vestido sentado en un tronco a la orilla del camino, que lo reconoció de inmediato y lo llamó por su nombre. Aquel hombre increpó a Johnson preguntándole si quería ser toda su vida un hombre mediocre con una guitarra o quería ser un el mejor músico de la región y tener todo el whisky y las mujeres que un músico podía tener. Johnson temeroso de este hombre aparecido de la nada, en medio de la noche, escuchó la proposición que le estaba haciendo. Al lado del hombre un sabueso aullaba de una manera especial, el hombre le hizo saber a Johnson que aquel sabueso le pertenecía y no estaba a la venta pero el sonido que producía el perro podía ser de Johnson. Ese sonido era el del Blues del delta y el precio que el hombre le ponía era nada más y nada menos que el alma de Robert Johnson. Johnson aceptó y se convirtió en los siguientes años en uno de los maestros y músico de mayor influencia en la escena del blues, el jazz y el rock en inglés.
Otros dicen Johnson molesto por su mala suerte, desesperado por la muerte de su mujer y renegando de Dios fue a la encrucijada a la medianoche y por medio de un conjuro llamó al Diablo para hacer el pacto. El Diablo una vez ahí tomó la guitarra de Johnson y la afinó, dándole de esta manera la maestría que necesitaba Robert Johnson para resaltar en su carrera musical.
Robert Johnson anduvo todos los caminos que pudo, acompañado de otros músicos o solo llegó hasta Canadá, Nueva York y Chicago tocando en toda clase de antros de mala muerte o en las esquinas, por unas monedas, durmiendo en la casa de mujeres a las que seducía o de otras con las que al parecer establecía relaciones que servían para cada vez que pasaba por el lugar.
Se dice que Robert Leroy Johnson nació el 8 de mayo de 1911, al menos esa es la fecha que se cree la verdadera, en un poblado llamado Hazlehurst, Mississippi. Aunque algunos dicen que nació en 1912.
Sobre su muerte también existen variaciones sobre el mismo tema y teorías que con el tiempo van surgiendo. Supuestamente en 1938 durante una de sus giras cerca de otro pueblo sin gloria llamado Greenswood en Mississippi, Johnson fue envenenado por un esposo cornudo, quien supuestamente puso al alcance del guitarrista una botella de whisky con estricnina. A pesar de las advertencias de un compañero músico, que le recomendó a Johnson no beber de una botella abierta y tal vez pensando en que su pacto lo hacía inmortal, Robert bebió. Murió tres días después entre convulsiones en un hospital. Tenía 27 años de edad. Algunos de sus biógrafos creen que el veneno no era estricnina por el tiempo que agonizó y tardó en morir el músico.
De las pocas cosas irrefutables que se saben de Robert Leroy Johnson son las fechas que lo llevarían a la posteridad. En 1936, Noviembre 23, 26 y 27 y siete meses después 19 y 20 de Junio de 1937 las dos veces que grabó su música, para un productor de nombre Don Law, que trabajaba para la American Record Company y estaba ansioso de grabar a los músicos del Blues.
Al momento de su muerte seis sencillos de los que grabó habían salido a la venta, sin mucho éxito.
Nadie sabe donde está enterrado el músico y al menos tres cementerios se disputan el ser el lugar donde los restos del virtuoso de la música se encuentran.
Robert Johnson fue elegido para el salón de la fama del Rock and Roll como una de las primeras influencias de la música en 1986. El mismo salón de la fama ha mencionado 4 de las canciones de Johnson entre las 500 canciones que forjaron al rock: “Sweet Home Chicago”, “Cross Road Blues”, “Hellhound on my Trail” y “Love in Vain”.
El año pasado para celebrar el centenario de su nacimiento Sony lanzo a la venta una versión remasterizada de 2 CD con todos los temas que Johnson grabó en 1936 y 1937.
Eric Clapton, lo llamó: “El más importante músico del blues que haya existido.” Robert Plant se refirió a él diciendo: “Robert Johnson , a quien todos le debemos nuestra existencia, en cierta forma.” Otros como los Rolling Stones han grabado covers de algunos de sus temas o han hecho nuevas versiones de los mismos, reconociendo, así, la importancia de este misterioso hombre que vagó por los caminos y carreteras rurales de los Estados Unidos en la década de los 30 del siglo pasado.

Publicado en the point.com.mx el 1 de Marzo de 2012
Foto: Cortesía latimesblogs.latimes.com