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jueves, 8 de septiembre de 2016

Esa censura que llamamos “políticamente correcto”.



Yo celebro la carta de la Universidad de Chicago, porque pone en su exacta dimensión una de las cuestiones menos democráticas y libres del mundo contemporáneo.

Armando Enríquez Vázquez

A principios de esta semana en varios diarios internacionales se consignó la carta de bienvenida de la Universidad de Chicago a sus alumnos de este nuevo ciclo escolar. En ella la Universidad se compromete a respetar las ideas, la libertad de expresión, el derecho a debatir ideas y advierte a los alumnos que deben estar abiertos la exposición de puntos de vista diferentes e ideas contrarias a las que sostienen. Si no están listos y preparados para ello, La Universidad pone en claro, la Universidad de Chicago no es para ellos. La carta se opone abiertamente a los irreflexivos y absurdos códigos surgidos del ser políticamente correcto.
La carta mina desde la academia uno de los grandes mitos y estupideces con las que han crecido millones de seres humanos en Estados Unidos, en México y en el mundo; lo políticamente correcto.
Lo políticamente correcto es una forma “políticamente correcta” de llamar a la censura. Es una manera burda y mediocre de rasar lo que la gente debe y puede pensar y expresar acerca de su entorno, del mundo y de otros grupos humanos. Es convertirse en una hipócrita. Lo políticamente correcto obliga a no expresar ideas, es lo que tiene a muchos políticos del mundo callados frente las declaraciones fascistas de un personaje como Donald Trump. Es no hablar por no parecer un radical o un fanático retrogrado frente a los demás, es la mejor arma del estado o de grupos de la sociedad para impedirnos hablar, escribir o expresar ideas opuestas a las de la mayoría.
Y es, sin duda, desde lo políticamente correcto que muchos grupos minoritarios lanzan sus ataques en contra de la mayoría. Escudados en lo políticamente correcto han nacido todos los pretextos y falsas razones para erigir los discursos de odio de nuestra era.
Pongamos como ejemplo la reciente polémica en torno a los matrimonios entre personas del mismo sexo. Así como homosexuales y lesbianas tienen el derecho a luchar por sus convicciones y ser respetados, de la misma manera la parte más conservadora de la sociedad tiene la libertad para expresar su opinión en contra de esos derechos. La Libertad de expresión y el debate no excluye la confrontación de ideas, al contrario, la promueve para entonces construir acuerdos y los hace convivir, son las leyes las que rigen a un país y no los particulares juicios morales de un bando o del otro. Nuestra libertad nada tiene que ver con la prohibición, la descalificación o la negación por reducción al absurdo de los derechos de los demás. Tanto de un lado, como del otro debemos aprender a vivir con la diferencia de pensamiento, con la diversidad de opinión. El argumento de la tolerancia, sólo esconde la intransigencia de un grupo y del otro. No debemos aprender a vivir tolerando, porque eso lo hemos hecho bajo cada gobierno del PRI, si no aceptando que la opinión del otro, tiene el mismo valor que la mía en tanto no intente reprimirme o desacreditarme por no pensar como él o viceversa. En tanto no genere un discurso de odio que sea el origen de la muerte.
Que el burkini le moleste a una punta de supuestos liberales franceses, sólo nos muestra que en su pequeño cerebrito las ideas de la libertad, la igualdad y la fraternidad están muertas. Su incapacidad para entender otras realidades.
Yo celebro la carta de la Universidad de Chicago, porque pone en su exacta dimensión una de las cuestiones menos democráticas y libres del mundo contemporáneo. El respeto exigido muchas veces por grupos minoritarios, se pierden cuando su discurso se escuda en lo políticamente correcto para despreciar y atacar con palabras que incitan al odio a sus detractores, tomando la misma postura que tanto critican de sus opositores. Así vemos a grupos radicales de feministas y homosexuales utilizar el mismo discurso de odio del que se dicen víctimas y promoviendo la secesión social que los supremacistas blancos, los católicos radicales o los israelíes genocidas del pueblo palestino, al referirse a los hombres o a los heterosexuales.
La Humanidad, a lo largo de su historia ha demostrado que somos una raza capaz de las más grandes atrocidades a partir de contarnos historias y creérnoslas. Siempre hemos pensado, falazmente, que es en el presente cuando vivimos el mayor desarrollo de nuestra civilización y es entonces cuando nos miramos y comparamos con las imágenes pasadas para justificar nuestra mal entendida evolución, pero en el fondo con diferentes peinados, ropas y eufemismos seguimos practicando cómo someter al otro. Cómo reprimirlo y mostrar nuestro dominio.
La involución de la democracia ha llevado a fragmentar a la sociedad, en lugar de volver inclusiva, por consiguiente, a enfrentar seres humanos a sus semejantes de una manera legal. La democracia moderna inventó lo políticamente correcto para de una forma perversa promover un comportamiento opuesto a la democracia; lo políticamente correcto se ha convertido en boca de los modernos inquisidores la clave para acusar a todo aquel hereje que llama al pan, pan y al coño, coño. Porque siempre habrá un eufemismo barato con el cual devastar las palabras, las ideas, con el fin de minar la libertad de expresión.    
Construir un ambiente libre y democrático es permitir las voces contrarias por más radicales que estas sean, siempre y cuando no promuevan el odio, cosa que muchas veces sucede por muchos de aquellos que exigen respeto y libertad para lo que quieren obligarnos a pensar descalificando a priori nuestra opinión en caso de ser contraria.
Celebro la carta de la Universidad de Chicago, porque recuerda que una institución académica, de cualquier índole, pero en específico una Universidad es un lugar abierto a la confrontación de ideas y opiniones, y el ejemplo a seguir por toda la sociedad. Que son los maestros los que deben promover el diálogo entre la comunidad estudiantil y por extensión entre la sociedad.

publicado el 2 de septiembre de 2016 en blureport.com.mx
imagen: deathtstock.com

jueves, 11 de julio de 2013

Políticamente correcto, éticamente cobarde



Ser neutral, pasivo y permitir atrocidades tiene que ver con ser parte de esa forma fascistoide que se nos quiere imponer desde el barbarismo del norte y otros países civilizados, que se denomina ser políticamente correcto.
Armando Enríquez Vázquez
Cada vez es más común que en aras de la libertad de expresión y de la tolerancia muchos abran sus oídos a sin sentidos e ideas absurdas. Creer que ridiculizar a perros y gatos vistiéndolos de seres humanos, monologar frente a ellos y torturarlos teniéndolos en espacios reducidos parece darle a esa gente el derecho de hablar en contra de aspectos  culturales de nuestra sociedad y nuestra nación como la lidia de toros, creyendo que son congruentes. Creer que un homosexual vale más en sus dichos y hechos que un heterosexual, es otro absurdo. No tendría, en teoría nada de malo organizar una marcha del orgullo heterosexual, por lo menos podría asegurar que seríamos más. Cómo sin duda lo es el pensar que un ciclista vale más que un automovilista. O de que un vegano crea que es mucho más valioso que un omnívoro. Los miembros más radicales de estos grupos de seres humanos tienen la arrogancia de ver a los demás vea como un nazi a un judío.
La vieja idea de Ibsen acerca de que las minorías siempre tienen la razón, esta malinterpretada y utilizada como escudo de una minorías basadas, no en la inteligencia, sino en razas, género, preferencias sexuales, incapacidades o gustos. Cuando lo importante al final del día es que todos somos seres humanos que nada de lo anterior debiera de importar.
La idea que en Estados Unidos sirve muy bien por su formación puritana  y su doble moral permite ese tipo de estupideces y da por resultado que un negro se vuelva un afroamericano y un chicano, un latino, ese una idea originada por los republicanos para dividir y fraccionar en algunos casos, en otros para nulificar el poder de ciertos grupos de seres humanos. El mismo termino latino, mas tarde cambiado por hispano, fue una contribución de Richard M. Nixon, bajo su presidencia para rasar a todos los hispano hablantes de los Estados Unidos  y neutralizar la fuerza del movimiento chicano que no olvidó jamás que en Texas, California, Utah, Nuevo México, Arizona muchos de sus habitantes menospreciados y discriminados eran originarios mexicanos de antes de que los sajones invadieran sus tierras en un intento por demostrar su superioridad. Los blanco de los Estados Unidos son Curiosos. Su nacionalidad, según ellos, es mestiza, siempre y cuando el mestizaje se dé entre descendientes de colonos europeos y sajones de preferencia. Más tarde se incluyó a los africanos, olvidando que la gran mayoría de los habitantes negros de la nación americana tienen las mismas generaciones que los blancos de haber llegado a Estados Unidos, a veces en los mismos barcos. Los asiáticos y los árabes. Y lo más preocupante después se ha extendido a grupos de diferente por su orientación sexual o sus diferentes gustos. Tratando siempre de crear palabras que en teoría hacen más humana y socialmente aceptable a dichos grupos. Cuando en realidad se trata de discriminar, de separar.
Esa herencia fascista y nociva para la sociedad está penetrando a nuestro país, donde la estulticia de muchos de nuestros compatriotas, muchos jóvenes, otros fascistas de origen, sin cuestionar nada alienta su llegada. En batallas y frentes tan absurdos como los veganos sobre los carnívoros o los ciclistas contra el mundo.
¿Qué hace más importante a un grupo que a otro? sus ganas de manifestarse, su exhibicionismo, su incapacidad de dialogar y por extensión de únicamente ser capaces de monologar a gritos en las calles.  
Los logros en materia de reconocimiento de igualdad en derechos de los diferentes grupos sociales son un logro que todos debemos celebrar, no una oportunidad para que el revanchismo y el odio se manifiesten en la dirección opuesta, como lo sugieren muchos líderes homosexuales, feministas, de diferentes grupos raciales  en otros países, en sus discursos, hechos y dichos revanchistas y estúpidos y llenos de odio contra otros seres humanos a los que les exigieron esos derechos, ante los que muchos tienen temor a manifestarse por creer que sería algo políticamente incorrecto.
Lo políticamente correcto es sólo una forma de maquillar y aprobar el fraccionamiento entre los seres humanos, la pulverización de la humanidad, con la aprobación tacita de una entidad que omnipresente, anónima y éticamente fascista. Ni que decir de esos pobres alienados que defienden los derechos de perros y gatos olvidándose de los niños miserables de nuestro país. ¿Qué sigue el derecho de las ratas y las cucarachas?
  
Publicado en blureport.com.mx el 9 de Julio de 2013.
Imagen: brucesallan.com