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martes, 14 de diciembre de 2021

Los dioses deben estar locos.



Netflix estrenó la segunda temporada de su serie Ragnarok, donde por momentos los guionistas han creído que los dioses están locos.

Armando Enríquez Vázquez

¿Recuerdan esa gran cinta sudafricana de los ochenta con ese título? en ella una botella de Coca Cola vacía caía del cielo en las manos de un bosquimano, quien emprende una travesía en busca del fin del mundo para regresar el extraño objeto a sus dueños; los dioses. Los dioses y los mitos atraen a todos desde los escritores de Marvel con su patético y muy gringo Thor hasta los escritores de series como American Gods o Ragnarok.

Sin que la lógica y la trama sean comedia, aunque algunas situaciones sean de humor involuntario digno de Juan Orol, Netflix estrenó la segunda temporada de su serie Ragnarok, donde por momentos los guionistas han creído que los dioses están locos, aunque sea por momentos.

Ragnarok es una historia de mitológica nórdica; la lucha entre los gigantes y los dioses reescrita a nivel de serie juvenil y preparatoriana situada en el pequeño pueblo noruego emblemáticamente llamado Edda. En la primera temporada Magne (David Stakston) un joven con problemas de aprendizaje, de socialización, incluso de vista comienza a darse cuenta que con su llegada al pueblo él comienza a cambiar. Todos sus problemas físicos desaparecen y comienza a tener una fuerza sobrehumana. En el pueblo dominado por la familia Jutul que conforme avanza la serie descubrimos son un grupo de gigantes inmortales que dominan en muchas formas el pueblo y viven instalados en el spleen y la nostalgia. Los gigantes añoran los siglos anteriores cuando los humanos los adoraban y veían como dioses.

Al final de la primera temporada Magne se da cuenta que es Thor y de que controla el rayo y para sorpresa del jerarca de los Jutul; Vidar (Gisli Örn Gardasson) que es derrotado por primera vez en eones, para poner punto final a la lucha ambos quedan inconscientes al ser alcanzados por un rayo convocado por Magne.

La nueva temporada inicia justo donde termina la primera: El gigante y el dios noqueados por el rayo. Con la hechicera divina, que es además la cajera del supermercado local, observando todo. Conforme ambos personajes recuperan la conciencia y se reconocen. Vidar amenaza a Magne con matarlo al llegar el siguiente ciclo lunar y que crea el principal hilo narrativo de la serie o al menos eso pretenden los guionistas que supongamos.

Gry (Emma Bones) el amor platónico de Magne rescatada por Fjor (Herman Tommeraas) el gigante que se hace pasar por el hijo de la familia Jutul, inicia una relación con el inmortal. A partir de esta relación Fjor abandonara a los gigantes y se replanteara su vida, para al final optar por el destino que obliga su historia.

Magne se tiene que plantear sí el fin justifica los medios siendo un digno representante de la forma de pensar de los jóvenes algo que lo convierte en un personaje vivo, incapaz de reconocer sus valores como Dios, algo que pocas veces sucede en los superhéroes que siempre tienen claro si son buenos o malos, o en los antihéroes como los superhéroes institucionalizados de la serie The Boys de Amazon Prime que son cínicos y hedonistas con sus poderes.  Los dioses de la antigüedad tenían una responsabilidad cosmogónica con sus adoradores. Los gigantes con ellos mismos. Mientras Magne y Fjor son personajes complejos y bien armados en sus conflictos interiores. Los demás parecen atravesar los capítulos como fantasmas de un melodrama simplón.

 

La segunda temporada ahonda en la mitología y crea los compañeros correspondientes en la vida de Magne y sus conocidos en Edda. Encontrar a los nuevos dioses que habrán de acompañarlo en batalla y la necesidad de Magne por forjar el famoso martillo se convierten en sus principales obsesiones y terminaran por hacer al joven dudar y renunciar a su don divino.

Thor en la mitología tiene un medio hermano; Loki. En la serie Magne tiene un hermano Laurits (Jonas Strand Gravli) que termina siendo en realidad medio hermano y el producto de la relación extramarital de su madre con Vidar, cumpliendo de esta manera con las características del semidios vikingo, este personaje es uno de los peores escritos de la serie y el menos trabajado en materia actoral. Desde el rostro inexpresivo del actor a lo largo de los doce episodios de la serie.  Su actuación que pretende ser contenida, resulta más bien constreñida. El personaje construido parece un triste esbozo semidios. El reflejo en el espejo que le descubre su verdadera imagen y personalidad, lo muestra como un triste un rockstar de un mal grupo de metal norteamericano, no como el astuto y artero personaje que es Loki. Y para ponerle una cereza a todo el esperpento del personaje está el hecho de que la serpiente que devora al mundo nace como una solitaria lo que es uno de los peores momentos e ideas de la serie junto con la serpiente misma y su boca tipo guasón, muestra lo irregular de la escritura y concepción de la historia.

Más allá de este fallido personaje, la serie tiene un grave defecto que es iniciar creando la expectativa de una batalla en la que los gigantes intentaran matar a Magne, que nunca sucede. Por otro lado, en lugar de crecer dramáticamente la tensión del argumento este se va alentando y perdiendo fuerza, únicamente para dejarnos al final con la promesa de una tercera temporada que puede o no valer la pena.

Es aquí donde la serie me recuerda muchos aspectos de American Gods de Amazon Prime donde en las primeras dos temporadas mucho pasa para que en realidad no pase nada o pase muy poco para que la acción definitoria y realmente importante de toda una temporada se cuente a lo largo de la misma y se defina en los minutos finales del capítulo donde termina la temporada. No existe en ninguna de las dos series una progresión narrativa, estamos frente a un deliberado retraso de las acciones para cumplir con tiempos de producción, con tramas secundarias que no aportan nada a la serie.  Con solo seis episodios por temporada estas deficiencias se notan más.

Los dioses deben estar locos si han permitido a los guionistas de Ragnarok, la ridiculización de personajes como Loki, o como la giganta que pretende ser la madre del grupo y se dedica a beber y fumar en un estado de depresión en aras de terminar sus guiones a tiempo. Es cierto que los dioses de la antigüedad fueron creados a imagen y semejanza de los seres humanos con sus pasiones, defectos y virtudes. Pero lo cierto es que en el dibujo de los personajes de Ragnarok estos rasgos son muy exagerados y no tienen mayor contraparte como en los complejos dioses de los pueblos antiguos.

Esperemos si hay tercera temporada que recupere la frescura y fuerza de la primera. Que los guionistas no olviden que hay que devolver la botella vacía de Coca Cola, pero las aventuras deben ser congruentes, atractivas, sin traicionar el género que escogieron.

 

publicado originalmente en roastbrief.com.mx en agosto de 2020

imagen: Netflix 

martes, 2 de junio de 2020

Ragnarok contra los superhéroes de cartón.



Los personajes de Marvel y DC se han convertido en propaganda del American way of life y su doble moral, existen intentos de creadores independientes por darles una dimensión menos humana.

Armando Enríquez Vázquez

La fascinación por los relatos de héroes y superhéroes es una de las características de más antiguas entre los seres humanos, no existe una cultura alrededor del mundo que no tenga a sus héroes y seres con superpoderes. Personajes que ayudan a explicar muchos fenómenos naturales, pero ante todo a darle un orden y un sentido a la realidad, nos han ayudado a crear catálogos éticos y códigos de comportamiento que ayudan a desarrollar el comportamiento y la cosmología de pueblos y naciones. A veces a esos seres poderosos y supernaturales los hemos llamado dioses.
La actual obsesión por hacer esos modelos de comportamiento a grupos de maniqueos personajes, algunos de ellos como salidos de manera directa del Manual de Carreño y de la maniquea, melodramática y pervertida manera de ver al mundo de los norteamericanos. Muchas veces los personajes de Marvel y DC que se ha convertido en una industria muy lucrativa para los grandes estudios, son sólo propaganda del American way of life. Otra parte; los héroes de los universos de las empresas de historietas independientes, son muchas veces la metáfora del mundo corporativo vs el ciudadano común.
La nueva producción de Netflix Ragnarok, el fin del mundo en la mitología nórdica, combina ambas miradas. El nacimiento de Thor en el mundo corporativo de los villanos de la cosmología vikinga. Ragnarok es una historia de iniciación y concientización que ya hemos visto muchas veces. El héroe, en este caso el dios, que comienza a darse cuenta de quién es y cual es su destino a pesar de que el personaje intente en principio rehusarse a cumplirlo.
La producción es noruega lo que en muchos sentidos supondría que la aleja de los clichés melodramáticos de las series norteamericanas, pero esto no sucede. Lo que se agradece es la falta de esa forma de autocensura llamada políticamente correcto. Es el sacrificio y la muerte lo que obliga a los personajes a evolucionar y caminar creciendo en la trama.
Thurid (Henriette Steenstrup) y sus hijos Magne (David Stakson) y Laurits (Jonas Strand Gravli) regresan a Edda, el pueblo natal de Thurid, en un fiordo noruego. A su llegada al pueblo, Magne ejecuta un acto de bondad y es marcado en ese momento por una mujer mayor, desde ese momento el joven, que tiene problemas lento aprendizaje, sufre de mala visión, comienza a percibir diferentes cambios en sus problemas de salud. Poco tiempo después no necesita más los lentes. Sus problemas personales y su falta de habilidades para relacionarse con sus semejantes lo llevan a hacer amistad con la otra marginada del salón; Isolde (Ylva BjorKaas Thedin), una joven comprometida con el medio ambiente, youtuber y que culpa a los magnates de la ciudad del deteriorio del medio ambiente de Edda. Los Jotul, dueños de una planta de electricidad en la ciudad; quienes además son personas distinguidas en la sociedad. El padre, Vidar, es la persona más destacada de la comunidad y uno de los empresarios importantes de Noruega. la madre, Ran, es la directora de la escuela preparatoria y los dos hijos son los líderes de los jóvenes, al más puro estilo de los populares en las preparatorias de las películas norteamericanas, son los encargados de llevar una campaña en contra de Isolde ridiculizándola y minimizando sus acusaciones y teorías. El descubrimiento por parte de Isolde de un túnel en el glaciar cercano será el motivo de la muerte de la adolescente y del viaje de Magne de aceptación y descubrimiento de su verdadera persona.
La familia Jotul tiene un secreto está formada por un grupo de gigantes inmortales. Llegado el momento Vidar (Gísli Örn Gardarsson) junto con su hija Saxa (Theresa Frostad Eggesbo) son partidarios de acabar con Magne de manera inmediata tras confirmar que no es un ser humano. Mientras Fjord (Herman Tommeraas) y su madre Ran (Synnove Macody Lund) tiene una visión más discreta y mediadora en la forma de acabar con Magne y la familia.
Llena como comenté ya de lugares comunes la serie fue creada por el escritor y productor danés Adam Price, quien también es creador de la extraordinaria serie política Borgen, así como la compleja y terrible Algo en que creer que habla de la iglesia tradicional danesa y la culpa. Ragnarok es una serie que en sus seis capítulos puede ser vista como un prólogo a una serie importante sobre la mitología nórdica en el corazón de la sociedad contemporánea. Netflix ya anunció la renovación de la serie para una segunda temporada. A diferencia de sus dos series anteriores, los personajes de Ragnarok son fríos y la única presencia cálida y llena de esperanza, la de Isolde desaparece de manera brutal al inicio de la serie. Su presencia tácita a lo largo de los seis episodios es en muchos sentidos el motor de Magne y de la acción de la serie.
Ragnarok es un melodrama de fantasía; cruel y realista. Los adolescentes de la serie son eso: adolescentes. Crueles, estrenando y explorando su sexualidad. Con egos crecidos o menospreciándose a sí mismos, desafiando cuando es posible a la autoridad y tratando de demostrar su superioridad. Los jóvenes de Ragnarok son humanos en la medida de los posible. Dirigido sobre todo a las audiencias jóvenes ávidas de nuevas aventuras heroicas, desconocedoras de la mitología nórdica, la dualidad de Magne y Thor el Dios del trueno puede crear empatía con los aficionados a las triviales aventuras de Marvel, pero lo que es indudables es que crea esta empatía con aquellos que gustan de las historias de adolescentes marginales, perdedores, sin éxito. A los que están cansados de la misma historia, pero no tanto.  
Ragnarok, no es la primera serie de este estilo, entre los más claros ejemplos están Umbrella Academy o Titans ambas de Netflix. O Doom Patrol de DC, entre las más llamativas. Pero es la más reciente y carece de la fuerza de la primera de las mencionadas. ¿Puede Ragnarok crecer en la segunda temporada? Sin duda, al menos es lo que espero. 

publicado el 11 de marzo en roastbrief.com.mx
imagen.Netflix