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jueves, 20 de abril de 2017

Preguntas sobre la movilidad en la CDMX.



La vialidad en la CDMX (Marca Registrada) es caótica y opaca pero nadie puede responder porque es esto.

Armando Enríquez Vázquez

Hagamos un ejercicio mental. Por un momento imaginemos que somos viajeros que llegan por primera vez a la CDMX (Marca Registrada), una vez en las calles de la ciudad enfrentamos la decisión de tomar un transporte para llegar al lugar que queremos visitar. Lo primero que debemos elucidar es ¿por qué hay taxis dorados con rojo por un lado y por otro, taxis de color blanco con rosa? ¿Unos mal pintados y otros peor, sin números que los identifiquen? ¿Acaso unos son más caros que otros? ¿Acaso unos son de una empresa y los otros de otra? Porque, finalmente, los carros se ven igual de destartalados y de las mismas marcas. Y esta tolerancia permite la existencia de taxis piratas que vuelven a este tipo de transporte en uno de los más peligroso.
Sí como visitantes decidimos utilizar el transporte público colectivo, llámese RTP, Metrobús, pesera o trolebús, ya sea operado por el gobierno o privado, lo primero que llama la atención es una vez más la gran variedad y diverso estado en el que se encuentran; camiones, nuevos, blanco y morado, más o menos confortables, que cuestan cinco pesos por los primeros 6 kilómetros, y seis pesos si el viaje es más largo, otros verdes menos cómodos, más viejos y menos cuidados y están otras unidades; destartaladas, que pueden ser verdaderas regaderas si es temporada de lluvias y hornos durante en estiaje, pero sobretodo son el mejor foco para contagiarse de tétanos por la cantidad de aristas oxidadas que amenazan al pasajero y a eso debemos sumarle que durante décadas la autoridad no ha creado un protocolo para estos vehículos que se pagaron hace más de veinte años y pertenecen a los deshuesaderos. Es ridículo como cada uno ofrece un diseño diferente y las incomodidades de uno otro son siempre parte del reto de moverse en una ciudad donde no existe una regulación, ni un interés por tener un transporte de calidad en la moderna CDMX (Marca Registrada), estas carcachas de la muerte cobran solo cincuenta centavos menos que el primero. A primera vista parece que existe un transporte para quienes deciden utilizar vías primarias como Insurgentes y Reforma, y otro de menor calidad y menor control para los que van por otras calles y avenidas; concesionado, de pésima calidad y sin control donde los conductores hacen paradas donde se les da la gana y hablan por teléfono celular, sin problema alguno. A los concesionarios no se les exige tener modelos recientes.
Otra característica que sorprenderá al visitante y a nosotros los chilangos nos parece algo normal, es la falta de un horario en los transportes públicos colectivos, siempre será parte de un acto de fe o de adivinación el saber cuánto tardará en llegar a el próximo Metro, Metrobús, trolebús o camión. O cuantas unidades pasaran en solo un minuto en las diferentes direcciones. A esto hay que sumar, la falta de sincronización de semáforos que redunda en mayor contaminación y una pésima movilidad en la ciudad. Las rutas pueden variar de acuerdo con el tráfico o el estado de ánimo del conductor. Las paradas, aunque son señaladas por la ley, quedan a discreción y el libre albedrio del conductor que puede tener entre 15 y 95 años de edad, sin que esto sea un impedimento, se les permite utilizar el celular al conducir, así como jugar carreritas con otras unidades para ganar pasaje y cambiarse de carril a voluntad, como si llevar a más de cuarenta personas no implicara una responsabilidad para estos cafres disfrazados de choferes y tolerados por la corrupción permitida por el gobierno central de la CDMX (Marca Registrada).
Pero si para el visitante peatón la CDMX puede resultar una experiencia surreal con final violento a mano armada, no es muy diferente para aquel que llega en coche a la capital del país. Lo primero es que muchas veces el visitante debe atravesar ese páramo de ladrones con placa que es el Estado de México, donde los cuerpos policiales y de tránsito son el mejor ejemplo de la impunidad que concede el PRI a sus servidores públicos con tal de mantener el miedo en la ciudadanía. Una vez cruzada la imaginaria línea divisoria que separa a la corrupción y la impunidad de la corrupción y el caos, el conductor se enfrentará a una ciudad que se mueve a una velocidad de 50 Km/hr, porque así si salen bien las fotografías del sistema de fotomultas que tanto le interesa al gobierno de la CDMX (Marca Registrada) que funcione. Pero además a pesar de existir un reglamento de tránsito de la CDMX (Marca Registrada) lo primero que llamara a atención del conductor visitante es que en la capital del país todo se vale. Los automovilistas se pueden estacionar en donde se les dé la gana, incluso sin importar la existencia de una franja amarilla en la orilla de la banqueta indicando lo contrario, en vías lentas, muy lentas o superlentas, porque eso de rápidas en esta ciudad es un eufemismo que sirve para describir calles con mucho tráfico a todas horas. En doble, triple y todas las filas necesarias. El automovilista a pesar de tener un límite de velocidad de 50 Km/hr, si encuentra 100 metros para acelerar a 340 Km/hr lo puede hacer, por eso luego las fotomultas salen borrosas y se termina multando a un taxista por no usar casco al conducir, historia que por absurda que pudiera parecer una más de las sorprendentes realidades de la burocracia citadina
Además de los automovilistas, ciclistas, motociclistas y peatones rompen todas las reglas establecidas en el reglamento de tránsito. Los ciclistas circulando por las banquetas o en sentido contrario como respuesta directa al temor al nulo respeto por parte de automovilista, los peatones caminando a media vereda debido a los diferentes obstáculos que las autoridades de las diferentes delegaciones van plantando, en ese compulsivo y opaco restaurar banquetas que tienen, por camiones y automóviles estacionados o descargando bienes o materiales de construcción obstruyendo toda la banqueta. Motocicletas y automóviles llegan a circular sobre las banquetas, en una ciudad que parece no tener agentes para imponer que se cumpla la ley, pues los hombres y mujeres vestidos con un chaleco amarillo se dedican única y exclusivamente a dirigir el tránsito, pero jamás los he visto imponer una multa, ni siquiera llamar la atención de un conductor en falta.
Las soluciones no son fáciles, tomando en cuenta que a la tolerancia de los agentes de tránsito debemos sumar, la total falta de educación cívica y de la nula responsabilidad de todos los involucrados, desde la señora que avienta su camioneta en contra de un policía en motocicleta que intenta sancionarla, espero que las cámaras de las multas la hayan captado. Hasta el peatón que por flojera decide que es más fácil cruzar el Periférico toreando carros, a subir y utilizar un puente peatonal.
Contaminación, doble no circula, pésimo transporte público, sobretodo el concesionado, al que el gobierno de la CDMX no puede, ni quiere ordenar. Semáforos en manos de agentes a pie, que desajustan todo el sistema, camiones de basura o reparto obstruyendo los carriles de contraflujo en horas pico. Obras de bacheo a plena luz del día.
¿No sería importante evitar que tanto camiones de reparto, como de basura, transiten durante el día como sucede en otras ciudades del mundo y del país? ¿No sería importante marcar muy bien las paradas del transporte público privado, que decide hacer paradas en cualquier lugar y a cualquier hora? ¿Obligar a los taxistas a utilizar cromática oficial rosa y blanco? ¿No es importante ejercer la ley en contra de ciclistas que van sobre la banqueta o en sentido contrario en las calles? ¿de multar a motociclistas que van zigzagueando por las vialidades? ¿No es hora de que los policías cumplan con sus funciones, sin importar una reacción negativa de la ciudadanía? ¿No es hora de que las autoridades dejen de limitar la acción de sancionar con la ley en mano? ¿Qué no quede en el anonimato la pésima operación de las cámaras fotográficas de la CDMX (Marca Registrada)? ¿Acaso no llegó ya el momento en que como ciudadanos también cumplamos con la ley, nos comprometamos con la Ciudad, en lugar de únicamente quejarnos? ¿pero sobre todo no llegó el momento de que el Jefe de Gobierno de la CDMX (Marca Registrada) deje de hacerse tonto y ponga los pies en la tierra, en lugar de soñar con su candidatura en 2018?

publicado en blureport.com.mx el 14 de abril de 2017

jueves, 26 de mayo de 2016

Ergonomía.



Desde hace más de veinte años el transporte público concesionado es una vergüenza de la ciudad y lo es no sólo por el pésimo servicio que brindan.

Armando Enríquez Vázquez

Nunca deja de sorprenderme lo permisivo de las autoridades de la CDMX (Marca Registrada), algo que viene desde los peores tiempos del PRI, cuando el regente de la Distrito Federal, era designado por el dedazo del presidente.
Desde hace más de veinte años el transporte público concesionado es una vergüenza de la ciudad y lo es no sólo por el pésimo servicio que brindan, tampoco por el desprecio que tienen los concesionarios por la vida de los pasajeros, o por la ignorancia del reglamento de tránsito. No son las carreritas por ganar pasaje, ni que hagan base donde se les pega la gana, como no los es el hecho de que se detienen a cualquier altura de calle a levantar pasaje.
No son los inexpertos conductores; adolescentes oyendo reggaetón que difícilmente pueden tener licencia y corren de manera suicida por las calles de la ciudad. Galanes de cuarta que llevan a una mujer sentada al lado y a la cual le platican sus hazañas como conductor de transporte público y que narradas por ellos resultan más apasionantes que las que pudiera contar Checo Pérez al hablar de su carrera en la Formula 1.
No todos eso es peccata minuta en comparación con la o las personas que pensaron en hacer de transportes de mudanza o de venta de helados vehículos para transportar seres humanos. No por qué esto sea imposible, sino porque el ingenio de estos diseñadores industriales, en el mejor de los casos, crearon a un ser humano que ni las más retorcidas mentes de la ciencia ficción o de la inteligencia artificial pudieran imaginar para llenar estos vehículos de pasajeros.
Iniciamos por la puerta de entrada y el primer escalon para subir al vehículo. El diseñador de estos adefesios avalados por el gobierno de la CDMX (Marca Registrada) pensó que el mexicano tiene la capacidad de las ratas de mover músculos y esqueleto de tal manera que podemos entrar por la estrecha portuezuela de manera sencilla y volver a expandir nuestra naturaleza, bueno, no del todo al entrar en la mal llamada unidad. Hay que decir también que muchas veces el primer escalón del estribo del microbús, se encuentra a tal altura que para los niños se vuelve una divertida aventura subir y para los viejos una tortuosa forma de poner a prueba sus articulaciones. El siguiente reto una vez que se ha introducido uno al interior del transporte es decidir si hacer el trayecto parado o sentado. Ambas opciones presentan su pros y contras. Para una persona de estatura mayor al 1.70 m ir parado se vuelve la mejor opción, pero para una de 1.73 o mas ir parado significa ir golpeándose en la cabeza con los remaches de las laminas que forman el techo, con riesgo de rasguñarse el cuero cabelludo y morir de tétanos antes de concluir el trayecto. O en casos de una altura mayor el usuario comienza a ver la vida desde una perspectiva muy torcida, el problema es que si uno mide 1.67 entonces ya tiene que ir todo el camino de puntillas para poder agarrarse del tubo, claro que puede decidir no agarrarse del tubo lo que provoca que el individuo parezca canica en caja de zapatos.
Ahora sí, el usuario decide sentarse entonces enfrenta una serie de caprichos del diseñador de interiores que haya destrozado el interior de la camioneta, hay quienes decidieron por dos hileras de asientos dobles paralelas al parabrisas del vehículo haciendo de esta manera un verdadero microbús, el modelo opuesto presenta dos filas de asientos en los costados del interior del microbús. Existen todas las combinaciones imaginadas. Claro todas ellas representan un verdadero peligro porque en caso de un accidente la destrucción de los enormes vidrios del vehículo, pueden hacer un verdadero batidillo de rapones y pequeños cortes entre los usuarios. Y por si eso no fuera poco, la altura de estas bancas, asientos o tablas con cojines, puede variar desde los cinco centímetros hasta los cincuenta, lo cual obliga en algunos casos a la persona a poner su cabeza entre sus rodillas en el mejor de los casos y en ocasiones en las rodillas de otros lo que se presta a pésimas interpretaciones. 
Las unidades están sucias, mal cuidadas, tienen goteras y ventanas que no funcionan.
Por lo general estos transportes pueden llevar entre 25 y 350 personas dependiendo de la hora, la ambición del chófer y las capacidades de contorsionistas de los pasajeros.
Pero para el Jefe de Gobierno de la CDMX (Marca Registrada) el transporte público concesionado de la capital está muy bien y no importa que se haya pagado ya por lo menos cinco veces desde que comenzó a rodar una unidad, ni que represente un peligro para el usuario, o que los concesionarios tengan como consigna no respetar el reglamento de tránsito. Él tiene que ceder ante otro más de los grupos de presión de nuestra ciudad.
A final de cuentas si para el sordo Jefe de Gobierno, No hay carteles de crimen organizado en la Ciudad, como iba a ir mal un transporte público que a todas luces atenta contra la imagen de modernidad y eficiencia de la ciudad.

publicado en blureport.com.mx el 2 de mayo de 2016

martes, 15 de septiembre de 2015

¡Este convoy sale de servicio y usted se aguanta!



Es preocupante como los capitalinos ya nos acostumbramos al mal servicio, Lo damos por un hecho.

Armando Enríquez Vázquez

En días pasados tuve la suerte de sufrir lo que sufren a diario los usuarios del Sistema de Transporte Colectivo Metro; cuarenta minutos de espera en lo que se ven pasar convoyes que salen de servicio y la gente se amontona en los andenes, hasta que a los trabajadores de la estación se les da la gana dar el servicio, pero eso si todos policías y trabajadores se hacen de la vista gorda mientras en los andenes se lleva a cabo la vendimia de papas fritas. Esto en la estación CU cerca de las diez de la noche.
Cuando el Metro se detiene entre dos estaciones por más de cinco minutos, o cuando se detiene con las puertas abiertas en una estación, esperando que se atiborren los vagones de usuarios, de lo único que podemos hablar es de la incapacidad mental de los encargados para crear una logística que transporte al usuario de manera eficiente. El Metro presumió hace unos días de haber cumplido 46 años y es la última década que se ha convertido en una de las vergüenzas de transporte en nuestra ciudad.
Los problemas de los trabajadores se han agudizado en ese tiempo y a raíz del choque de convoyes del Metro el 4 de mayo pasado, no sólo se hizo patente la corrupción existente en los altos niveles de la administración del sistema, si no el contubernio que existe al interior del sindicato del sistema de transporte cuando tanto su líder sindical, Fernando Espino, como un grupo de choferes salieron a defender al causante del accidente, en el que hubo usuarios lesionados, acusando a Joel Ortega y olvidándose del usuario, Siempre es bueno aclarar que Ortega no es ninguna blanca paloma y como el chofer del convoy sigue libre y campechano desde su operativo en el News Divine que culminó en una tragedia.
Ya se fue Ortega, al parecer Espino puso al nuevo director del SCTM, pues lo destapó antes que el Jefe de Gobierno de la Ciudad lo hiciera, y el Metro sigue igual; vagoneros, carros sucios, falta de logística total en la corrida de los convoyes, una serie de dizque trabajadores sindicalizados que hacen que el Metro no sólo sea ejemplo del pésimo transporte público de la Ciudad de México, si no que parecen enorgullecerse de eso con sus actitudes y nula vocación de servicio. Pero lo que es más preocupante es que el usuario permita que se le trate como se le trata. A pesar de que el costo del boleto no es real, que el gobierno de la ciudad lo subsidia, aquel que llega al andén pagó por el servicio y todos los que laboran en el Metro y los aviadores que tiene el sistema viven del usuario, que además del boleto, paga otros impuestos que permiten la prebendas y salarios de tanto trabajador inútil.



Es preocupante como los capitalinos ya nos acostumbramos al mal servicio, Lo damos por un hecho, los trabajadores por su parte no tienen de que preocuparse, no hay quién los audite, ni existe sanción alguna que los condene. Son sindicalizados y eso los hace invulnerables. ¿O ya se nos olvidaron las diferentes imágenes que ciudadanos han compartidos en las redes de conductores del Metro ebrios sin que la autoridad del Sistema, ni el gobierno de la Capital haga absolutamente nada? El líder del sindicato ha sido acusado de desvíos de fondos, meter en la nómina del sindicato a boxeadores, pero como hasta hoy goza del fuero como asambleísta del DF y coordinador de la bancada priísta, puede burlarse de la ciudadanía y del tibio Jefe de Gobierno que ostenta la Ciudad.
Peor aún es el caso del transporte de pasajeros concesionado, llámense taxis y en especial microbuses donde a la autoridad de la Secretaría de Movilidad únicamente le interesa mantener la corrupción y muy poco le atañen la seguridad del usuario y la integridad de las unidades en las que como ganado es transportado por mozalbetes y otros individuos que difícilmente podrían obtener una licencia de manejo en cualquier otro país, pero en la Ciudad de México pueden aspirar a conducir convoyes del metro que es el único transporte que teniendo la vía libre frena y acelera como un microbús.
Unidades con muchos años de funcionamiento, de las cuales los dueños ya recuperaron la inversión de su compra con muchos creces y que sin embargo sucias, con los asientos rotos, llenas de goteras, siguen transitando ante la complacencia corrupta del jefe de gobierno y sus secretarios de movilidad y de gobierno.
Ni que decir de muchos de los llamados taxistas que consiguieron placas por su voto clientelar, y que no protestan contra los taxis piratas donde ocurre un gran número de asaltos y violaciones pero se quejan de la competencia de calidad y comodidad que ofrecen Uber y Cabify.
Cuando presumen a la Ciudad de México como un destino turístico de importancia, ni al jefe de gobierno, ni a su secretario de turismo se les ocurre pensar en la imagen nacional e internacional que ofrecen los microbuses ya no sólo por fuera sino por dentro. No existe una norma que regule el interior de estos transportes del inframundo donde los asientos son de las más variadas alturas y concepciones.
Yo sé que muchos capitalinos están enamorados de los gobiernos de supuesta izquierda que desde hace casi veinte años nos gobiernan, pero, ¿no es hora de aceptar que todos ellos se han enriquecido en su ejercicio del poder, como el PRI en su momento?
Como buenos políticos mexicanos han cobijado y desviado la atención de las corruptelas de sus compañeros y amigos. Que son los mismos chapulines chapuceros de siempre, como el caso de  Rosario Robles, a quién no le bastó con transar como jefa de gobierno de la Ciudad en complicidad con su amante Carlos Ahumada, sino que saltó al barco de Peña Nieto sin pudor alguno ante la promesa de un hueso desde el que aumentó directamente y gracias a ella la pobreza en nuestro país.
¿Qué pasaría si un día, sólo un día dejáramos de tomar el metro, y otro nos olvidáramos de los taxis y uno más de los microbuses? Únicamente como una muestra nuestra inconformidad con un sistema de transporte público y concesionado que es un asco, que con la mano en la cintura le paga a los inspectores y secretarios del DF para seguir operando impunemente, que lesiona los intereses y la salud de los usuarios; los arrancones y frenadas abruptas de metro y microbuses afectan directamente la espalda del usuario. De otra manera este gobierno no va a hacer nada. ¿Por qué de una buena vez no los empezamos a obligar a que actúen para nosotros que somos los que pagamos sus sueldos? 


publicado en blureport.com.mx el 11 de septiembre de 2011