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jueves, 1 de febrero de 2018

Solidaridad y mercadotecnia.



Tras la tragedia provocada por el sismo del 19 de septiembre del año pasado quedaron claras las acciones solidarias y desgraciadamente las oportunistas también. Este texto se publico 2 semanas después.

Armando Enríquez Vázquez

A lo largo de las últimas dos semanas hemos oído y utilizado la palabra solidaridad en innumerables ocasiones. El lugar común, aunque cierto, es; Los mexicanos demostramos una vez más que en el caso de tragedias somos solidarios, y cuando esa tragedia golpea a la capital del país como en 1985, o ahora en 2017 esa solidaridad queda en mayor grado expuesta debido a la facilidad de todos los medios de comunicación masiva tradicionales de dar seguimiento y relevancia en su agenda informativa a la nota. Debido a que son las clases medias urbanas las golpeadas.
Pero la solidaridad anónima y desinteresada de la gran mayoría de los mexicanos que tienden la mano a sus hermanos no sólo sucede cuando la tragedia golpea a las grandes ciudades, ni en eventos tan profusamente mediáticos como el sismo del pasado 19 de septiembre, se abre paso cuando huracanes y ciclones destruyen a lo largo de los años diferentes regiones del país. Muchas veces vemos la forma de ayudar a otros mexicanos en desgracia en otras latitudes del país.
Somos entre muchas otras cosas empáticos con los connacionales caídos en desgracia por eventos de la naturaleza. Esa ayuda, esa muestra de apoyo, ese mensaje de fuerza se hace de manera sincera y honesta. Sin buscar reflectores de ningún tipo, por el simple hecho de ayudar.
Con motivo de los terremotos de septiembre, mexicanos de trascendencia en sus ámbitos profesionales lanzaron diferentes mensajes para sensibilizar a otras personas en el extranjero de la situación y ayudaron a colectar cantidades de dinero muy importantes para los damnificados, tocaron el corazón y el bolsillo de muchos que ayudaron a los damnificados de nuestro país.
Gracias a personas como Javier Chicharito Hernández y Miguel Layún diferentes equipos de futbol europeos hicieron donativos para los damnificados. Países hermanos como España, Colombia, Guatemala, Panamá, Venezuela y países que mostraron su amistad con México como Japón, Suiza, Israel, Alemania, nuestros hermanos del condado de Los Ángeles, entre otros mandaron equipos y ayuda a México de manera solidaria y altruista. Haciendo mercadotecnia de manera honesta y socialmente responsable y solidaria.
Existieron empresas de todos tamaños que se pusieron las pilas y mientras Heineken enlataba agua y mandaba camiones de ayuda, una pequeña tlapalería de en La Condesa permitió a los rescatistas tomar las herramientas necesarias para hacer su labor sin cobrarles un peso. Lo mismo hicieron diferentes empresas como Uber, y algunas líneas de camiones foráneos como ETN y ADO, al poner sus unidades sin costo para rescatistas y personas que debían llegar rápido a buscar a sus familiares y conocidos. Grupo Modelo prestó sus camiones para llevar la ayuda a diferentes partes de la república. Algunos lo presumieron, otros informaron únicamente con el fin de hacer a la gente consciente de los recursos a su disposición. De cualquier manera, estas acciones impactan de manera importante en las empresas en la percepción de los consumidores creando lealtades, afinidades y se puede decir que incluso desarrollan relaciones personales entre las marcas y las personas.
Y junto a toda esa empatía, esa solidaridad y esa grandeza del espíritu humano, no dejaron de estar aquellos que hicieron de la tragedia simple y llanamente un acto de mercadotecnia para visibilizar sus marcas. Para de la manera más mezquina mostrar que no sólo existen chacales que asaltaron camiones de ayuda o que abusaron de jóvenes bien intencionados, que a punta de pistola se llevaron camiones con ayuda en las carreteras del país o que hicieron sus propios centros de acopio para surtir sus tiendas. Como tampoco faltaron empresarios y hombres de negocios que decidieron que con poner un hashtag con la frase Fuerza México o algo similar al final de su publicidad se volvieron solidarios con las víctimas de la tragedia, de la misma manera que muchos creen que por decir que son empresas socialmente responsables lo son realmente, cuando ninguna de sus acciones así lo demuestra. Peor aún resulta la actitud de quienes como Televisa intentaron medrar con la situación inventando historias de horror y a pesar de ello se presentan cínicamente como empresas comprometidas con el país y con sus habitantes.
No se vale es querer subirse al barco cuando una empresa no aportó nada, ni ha hecho nada por ayudar a las víctimas de la tragedia, poniendo un simple hashtag en su publicidad y esos mal llamados publicistas que no son más que carroñeros, ensucian el nombre de la profesión que muchos otros ejercen con dignidad y orgullo. Algo muy similar a lo que hacen los partidos políticos al comprar el voto a partir de ayudas, no siempre importantes, para después proclamarse paladines de la democracia y el sufragio efectivo.
En estos días leí muchos tuits ayudando, gestionando información verdadera y falsa, con buena y con mala intención y habrá que reflexionar una vez más en las virtudes y fallas que aún tenemos en las redes. Un ejemplo; aquellos que sin darse cuenta y en el mejor espíritu de colaboración posteaban y retuiteaban mensajes diez horas después de que habían sido posteadas la primera vez, resultando en ese momento obsoletos. Pero entre todo esto leí uno que era cierto “Si vas a ayudar para poder tomarte una selfie, entonces ayuda.” Lo mismo puedo decir a publicistas y mercadólogos, pero que lo que presuman sea cierto, no solo puro y asqueroso oportunismo.

publicado en roastbrief.com.mx el 2 de octubre de 2017

martes, 15 de septiembre de 2015

¡Este convoy sale de servicio y usted se aguanta!



Es preocupante como los capitalinos ya nos acostumbramos al mal servicio, Lo damos por un hecho.

Armando Enríquez Vázquez

En días pasados tuve la suerte de sufrir lo que sufren a diario los usuarios del Sistema de Transporte Colectivo Metro; cuarenta minutos de espera en lo que se ven pasar convoyes que salen de servicio y la gente se amontona en los andenes, hasta que a los trabajadores de la estación se les da la gana dar el servicio, pero eso si todos policías y trabajadores se hacen de la vista gorda mientras en los andenes se lleva a cabo la vendimia de papas fritas. Esto en la estación CU cerca de las diez de la noche.
Cuando el Metro se detiene entre dos estaciones por más de cinco minutos, o cuando se detiene con las puertas abiertas en una estación, esperando que se atiborren los vagones de usuarios, de lo único que podemos hablar es de la incapacidad mental de los encargados para crear una logística que transporte al usuario de manera eficiente. El Metro presumió hace unos días de haber cumplido 46 años y es la última década que se ha convertido en una de las vergüenzas de transporte en nuestra ciudad.
Los problemas de los trabajadores se han agudizado en ese tiempo y a raíz del choque de convoyes del Metro el 4 de mayo pasado, no sólo se hizo patente la corrupción existente en los altos niveles de la administración del sistema, si no el contubernio que existe al interior del sindicato del sistema de transporte cuando tanto su líder sindical, Fernando Espino, como un grupo de choferes salieron a defender al causante del accidente, en el que hubo usuarios lesionados, acusando a Joel Ortega y olvidándose del usuario, Siempre es bueno aclarar que Ortega no es ninguna blanca paloma y como el chofer del convoy sigue libre y campechano desde su operativo en el News Divine que culminó en una tragedia.
Ya se fue Ortega, al parecer Espino puso al nuevo director del SCTM, pues lo destapó antes que el Jefe de Gobierno de la Ciudad lo hiciera, y el Metro sigue igual; vagoneros, carros sucios, falta de logística total en la corrida de los convoyes, una serie de dizque trabajadores sindicalizados que hacen que el Metro no sólo sea ejemplo del pésimo transporte público de la Ciudad de México, si no que parecen enorgullecerse de eso con sus actitudes y nula vocación de servicio. Pero lo que es más preocupante es que el usuario permita que se le trate como se le trata. A pesar de que el costo del boleto no es real, que el gobierno de la ciudad lo subsidia, aquel que llega al andén pagó por el servicio y todos los que laboran en el Metro y los aviadores que tiene el sistema viven del usuario, que además del boleto, paga otros impuestos que permiten la prebendas y salarios de tanto trabajador inútil.



Es preocupante como los capitalinos ya nos acostumbramos al mal servicio, Lo damos por un hecho, los trabajadores por su parte no tienen de que preocuparse, no hay quién los audite, ni existe sanción alguna que los condene. Son sindicalizados y eso los hace invulnerables. ¿O ya se nos olvidaron las diferentes imágenes que ciudadanos han compartidos en las redes de conductores del Metro ebrios sin que la autoridad del Sistema, ni el gobierno de la Capital haga absolutamente nada? El líder del sindicato ha sido acusado de desvíos de fondos, meter en la nómina del sindicato a boxeadores, pero como hasta hoy goza del fuero como asambleísta del DF y coordinador de la bancada priísta, puede burlarse de la ciudadanía y del tibio Jefe de Gobierno que ostenta la Ciudad.
Peor aún es el caso del transporte de pasajeros concesionado, llámense taxis y en especial microbuses donde a la autoridad de la Secretaría de Movilidad únicamente le interesa mantener la corrupción y muy poco le atañen la seguridad del usuario y la integridad de las unidades en las que como ganado es transportado por mozalbetes y otros individuos que difícilmente podrían obtener una licencia de manejo en cualquier otro país, pero en la Ciudad de México pueden aspirar a conducir convoyes del metro que es el único transporte que teniendo la vía libre frena y acelera como un microbús.
Unidades con muchos años de funcionamiento, de las cuales los dueños ya recuperaron la inversión de su compra con muchos creces y que sin embargo sucias, con los asientos rotos, llenas de goteras, siguen transitando ante la complacencia corrupta del jefe de gobierno y sus secretarios de movilidad y de gobierno.
Ni que decir de muchos de los llamados taxistas que consiguieron placas por su voto clientelar, y que no protestan contra los taxis piratas donde ocurre un gran número de asaltos y violaciones pero se quejan de la competencia de calidad y comodidad que ofrecen Uber y Cabify.
Cuando presumen a la Ciudad de México como un destino turístico de importancia, ni al jefe de gobierno, ni a su secretario de turismo se les ocurre pensar en la imagen nacional e internacional que ofrecen los microbuses ya no sólo por fuera sino por dentro. No existe una norma que regule el interior de estos transportes del inframundo donde los asientos son de las más variadas alturas y concepciones.
Yo sé que muchos capitalinos están enamorados de los gobiernos de supuesta izquierda que desde hace casi veinte años nos gobiernan, pero, ¿no es hora de aceptar que todos ellos se han enriquecido en su ejercicio del poder, como el PRI en su momento?
Como buenos políticos mexicanos han cobijado y desviado la atención de las corruptelas de sus compañeros y amigos. Que son los mismos chapulines chapuceros de siempre, como el caso de  Rosario Robles, a quién no le bastó con transar como jefa de gobierno de la Ciudad en complicidad con su amante Carlos Ahumada, sino que saltó al barco de Peña Nieto sin pudor alguno ante la promesa de un hueso desde el que aumentó directamente y gracias a ella la pobreza en nuestro país.
¿Qué pasaría si un día, sólo un día dejáramos de tomar el metro, y otro nos olvidáramos de los taxis y uno más de los microbuses? Únicamente como una muestra nuestra inconformidad con un sistema de transporte público y concesionado que es un asco, que con la mano en la cintura le paga a los inspectores y secretarios del DF para seguir operando impunemente, que lesiona los intereses y la salud de los usuarios; los arrancones y frenadas abruptas de metro y microbuses afectan directamente la espalda del usuario. De otra manera este gobierno no va a hacer nada. ¿Por qué de una buena vez no los empezamos a obligar a que actúen para nosotros que somos los que pagamos sus sueldos? 


publicado en blureport.com.mx el 11 de septiembre de 2011

viernes, 5 de junio de 2015

La sana competencia.



Uber y Cabify representan una competencia sana que puede y debe ayudar a regular el mercado en beneficio del usuario 
Armando Enríquez Vázquez

No queda duda que los mexicanos en muchos sentidos no estamos acostumbrados a la competencia.
El fantasma del estatismo y la regulación en favor de grupos, sobre todo cuando estos representan eso que se llama clientelismo electoral, aún subsiste como quedó la semana pasada cuando la Ciudad de México se vio secuestrada por taxistas que protestaron en contra de los servicios de Uber y Cabify. El argumento es la supuesta ilegalidad en que operan estos servicios y la falaz y melodramática maña de pedir la protección del gobierno para poder no competir y hacer que los taxistas sigan haciendo de las suyas.
Otro argumento es que son una empresa extranjera, lo que no deja de ser una verdad a medias porque los conductores son mexicanos y las familias beneficiadas por estos empleos son mexicanas. Podría entender la protesta si el argumento se basara en lo abusivas que han sido las autoridades del D.F: contra los taxistas, pero si es por la competencia que representan nuevas empresas y nuevas tecnologías la verdad es que me resulta absurda
Existen dos motivos reales en el trasfondo de las protestas, uno es la corrupción que SEMOVI, antes SETRAVI, ha ejercido contra los taxis el en D.F. Fortunas que funcionarios perredistas y sus familiares han hecho esquilmando a los taxistas, siempre beneficiando a ciertas empresas leales al PRD. Corrupción que ha quedado impune a pesar de haber sido aireada en los medios de comunicación por así convenir al partido que gobierna en el D.F. Corrupción que ha puesto en entredicho la propiedad de muchas de las flotillas de taxis en esta capital y las cuales se presume pertenecen a miembros del PRD.
 ¿Qué hace SEMOVI además de imponer reglas a los taxistas que promueven la corrupción?
 ¿Qué ha hecho en tres años Rufino H. León Tovar para regular a peseras o la logística con la que funciona el metrobús? Nada. Absolutamente nada. Las peseras no pasan revista, ni se pintan de colores diferentes cada vez que se le ocurre al jefe de gobierno. Hacen parada donde se les da la gana, tienen más de una década en que no se les obliga a renovar las unidades y nunca he visto una cartulina con los datos del chofer de una pesera a la vista de los usuarios. Así de nula ha sido la administración del transporte en el gobierno de Miguel Ángel Mancera.
Un Secretaria llamada de Movilidad debe ofrecer propuestas y dar soluciones a uno de los mayores problemas de la Ciudad y que presume en su nombre. Pero no. De hecho jamás se han hecho propuestas sobre la recolección de la basura en la Ciudad, que secuestrada por un sindicato se lleva a cabo cuando mejor le viene en gana a los basureros, cuando como en muchas ciudades del mundo y de nuestro país esta recolección se realiza por la madrugada para no congestionar el tráfico. Lo mismo sucede con los camiones materialistas que contaminan levantando cascajo en las diferentes obras que hay en la ciudad a la hora que más les conviene, o los camiones repartidores de productos que deben de igual manera realizar sus cargas y descargas por la noche y no en horas pico y en doble fila. Sí esto no se puede solucionar desde la SEMOVI. ¿Para qué demonios la necesitamos? Sí lo único que hace es proteger los intereses de aquellos militantes del PRD que son dueños de taxis y explotar a los taxistas cambiando las reglas cada vez que les viene en gana. Esa secretaría y ese secretario no sirven para nada, más que para hacer rico a corruptos y oscuros personajes relacionados con el PRD.
 Uber y Cabify representan una competencia sana que puede y debe ayudar a regular el mercado en beneficio del usuario que no tiene por qué contentarse con el servicio arbitrario y prepotente que se ofrece en más de un sitio de taxis empezando por llamados Génesis. Pintados de rosa con blanco, muchos taxis son verdaderamente un asco por dentro. Cosa que no sucede con los taxis de Uber o Cabify.
En lugar de implorar la protección del gobierno muchos de los taxistas deben mejorar la apariencia de sus unidades, aprender a sonreír al cliente, imponer nuevas formas aprovechando la tecnología para dar un servicio de calidad, apoyados en ese sentido sí por las autoridades, con la implementación de Internet gratuito en la Ciudad.
También, los ciudadanos deberíamos exigir a las autoridades que todo aquel que conduzca un taxi, pesera o metrobús pase un examen similar al famoso The Knowledge londinense al que cualquiera que quiera ser taxista en Londres es sometido, el cual se aplica una sola vez. El examen es de tal rigor que está comprobado que su aplicación genera en los aspirantes a taxistas en la capital inglesa mejores sinapsis en las neuronas. Una opción para la equidad sería que desaparecieran los taxímetros y que las tarifas que cobren los taxis de sitio y de calle se basen en el kilometraje total. Cómo se hace en aeropuertos, estaciones de autobuses foráneos y en muchas de las ciudades de provincia.
La Ciudad de México tiene una flotilla de taxis que excede tal vez la necesidad de los habitantes de la ciudad, pero es culpa de los gobiernos de la capital que han creado categorías de taxis ilegales denominados, tolerados y piratas con tal de llevar votos a sus urnas.
La realidad es que la ley de la oferta y la demanda es la única que debe regir la elección del usuario sobre el servicio que quiere tener en su traslado de un lugar a otro. No un decreto, una ley o un reglamento.
La estrategia les falló a los taxistas, mientras ellos se quejaban y plañían, Uber se dedicó a regalar viajes a los usuarios lo que los posicionó mejor entre los usuarios, en una ciudad donde la irresponsabilidad de los diferentes grupos que se manifiestan en ella nunca tienen a los ciudadanos en mente la respuesta fue dirigida a los usuarios y no una confrontación. Las manos del gobierno federal, como pretendieron un grupo de estos taxistas, no caben en el gobierno del Distrito Federal. Pero las del corrupto gobierno del Estado de México sí.
El jueves el gobernador de la entidad Eruviel Ávila  anunció que en el Estado de México no se iba a permitir la operación de Uber o de Cabify. El viernes en el noticiero radiofónico de Leonardo Curzio, el secretario del Transporte en el Estado de México, Isidro Pastor, demostró su incapacidad para defender las declaraciones del gobernador y su único argumento fue que los servicios de taxis no eran legales porque no le pagaban al Estado de México, ese mismo estado lleno corruptelas como la OHL y donde al parecer y por la incapacidad de este funcionario para responder a dos preguntas sencillas como si iban a impedir que los taxistas persiguieran y cazaran a las unidades de Uber y sus conductores, o la legalidad de un contrato tácito entre particulares en los servicios de Cabify, el hombre no salió de su argumento de que no le pagaban al Estado de México. Más claro ni el agua. El viernes mismo el Gobernador del Estado de México salió a doblar las manitas y aceptar que los servicios de taxis por aplicación si van a operar en su entidad.
De acuerdo con la OCDE, dirigida por el mexicano José Ángel Gurría, México está muy por debajo del promedio de competitividad los estados miembros del organismo,
El ejemplo viene desde nuestros políticos que dan nulo valor a la competencia. Sus estrategias de las campañas políticas se basaron en las descalificaciones, porque tienen la mira puesta en los procesos postelectorales donde las mafias partidistas están muy bien representadas en los incondicionales y sumisos magistrados de TEPJF que obedecen las órdenes del partido en poder.
El anuncio el pasado viernes de la Secretaria de Educación Pública, de la anulación del examen de evaluación para los maestros de las escuelas públicas, algo que desde principio del sexenio buscaban ciertas autoridades de la SEP y los sindicatos de la educación, anula de lleno no sólo la tan cacareada Reforma Educativa del Gobierno Federal, si no la posibilidad de la competitividad de México en el futuro.
Entre los empresarios todavía quedan muchos, el mejor ejemplo son los líderes de las cámaras nacionales de industriales, que educados en el proteccionismo estatal que durante décadas practicó el estado mexicano, se niegan a competir y prefieren mantenerse en la mediocridad de su producto y bajo el ala protectora del gobierno.

Por fortuna otros se han dedicado a producir y competir creando empresas fuertes y de presencia mundial.

publicado en blureport.com.mx el 1º de junio de 2015
imagen DeathtoStock.