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martes, 10 de enero de 2017

Un pacto entre amigos.



En la peor tradición del PRI y como otra muestra de que la presidencia de la República no sabe ni que hacer, ni en donde están, se firmó un pacto entre cuates y sin sociedad civil.

Armando Enríquez Vázquez

Enrique Peña Nieto está desesperado, y demuestra esta desesperación porque no es capaz de entender el México que en teoría gobierna. Enrique Peña Nieto sigue demostrando ser un hombre del pasado, de un pasado tan superado que hasta su propio partido hay quienes lo han abandonado.
La última ocurrencia al interior del gobierno del federal es un pacto al más puro estilo del PRI de los años 80, lo que está claro, es que México no es el de ese entonces. Enrique Peña Nieto no tiene claro que él no representa a la mayoría de los mexicanos. Que la mayoría no votamos por él. Por eso su pacto al vapor, como observó la COPARMEX, que se negó a firmarlo, solo lo aprobaron sus incondicionales. ¿Por qué no estaban los partidos políticos de oposición que en su conjunto si representan a la mayoría de los mexicanos, ni organismos de la sociedad civil, en el supuesto pacto del presidente?
El PRI no gobierna a la mayoría de los mexicanos, ¿Acaso no lo sabe Peña Nieto? ¿No conoce el mapa geopolítico de la República Mexicana?
Pero lo que es peor no son el cinismo y la arrogancia de Peña Nieto. Lo peor es que hizo mucho ruido y resultaron muy pocas, o mejor dicho ninguna nuez en el anuncio de su pacto. Como niño en una fiesta que cuenta un mal chiste y todos sus invitados se ríen, así los mismos pusilánimes de siempre; miembros del gabinete, el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, el líder de la CTM y el de la CNC, aplaudieron y aprobaron algo que sólo fue un globo lleno de aire.
Palabras vacuas, demagogia, populismo todo lo que ha estado presente en los cuatro años de desgobierno de Peña Nieto y nada, absolutamente nada de sustento, ni de compromisos reales. A pocos meses de que escapara Javier Duarte a Peña Nieto ya se olvidó, cómo el veracruzano y otros gobernadores de su partido se robaron todo lo que pudieron. No hay en ese pacto un compromiso de transparencia, ni de poner fin a la impunidad de los políticos. Nada en materia de justicia. Que también son asuntos que avivan el descontento de los mexicanos.
¿Por qué tampoco estuvieron presentes los líderes de los otros poderes del gobierno, ni legisladores, ni el poder judicial? No estamos en los años 80 cuando todos hacían caravana al presidente y ni aun así los asesores de Peña Nieto, ni el mismo Peña Nieto recordaron que la Constitución establece la división del Estado en tres poderes, el ejecutivo debe trabajar de la mano con el judicial y el legislativo no sólo cuando a Peña Nieto le conviene, sino sobre todo en momentos como el de dicha reunión, a manera de legitimizar el dichoso pacto. Así lo hizo Calderón en sus reuniones de seguridad en el Castillo de Chapultepec.
Incluso al interior del PRI ha comenzado la revuelta en contra de un presidente incapaz de entender nada más que su ambición y la de sus colaboradores, primero el destape del Secretario de Gobernación el año pasado y ayer el de la priísta Ivonne Ortega, ex gobernadora de Yucatán y en su momento promotora de Peña Nieto.
La postura de los senadores del PRI por Chihuahua en contra del gasolinazo y del presidente del PRI, también ha sido clara. Pero Peña Nieto sólo ve lo que quiere ver y cree que dirigir a México es igual de sencillo que dirigir un estado lleno serviles políticos amigos, como lo es el Estado de México.
En 2017, México no acepta pactos que no están avalados por todos y me refiero a todos los actores políticos de importancia y que no son sólo aquellos amigos de Peña Nieto que sin cuestionar y buscando el propio beneficio aplauden y llenaron de más palabras vacías un acto sin sentido en el que nadie cree.

miércoles, 24 de abril de 2013

Algo está podrido en Dinamarca



El discurso de Obama contra el senado norteamericano, las acciones en contra de sus gobernados en Europa y la falta de leyes claras en México son claros ejemplos de cómo la democracia ha sido superada o jamás existió.

Armando Enríquez Vázquez


Escribió Bioy Casares que al soñar utopías hay que recordar que el sueño de unos es la pesadilla de otros. En esta época en la que se habla apasionadamente y absurdamente de lo políticamente correcto, de lo que se puede y debe decir, de lo que podemos y no hacer o disfrutar, con esa gran intolerancia que caracteriza a todos los grupos que se sienten, se dicen y los que son realmente intolerados. Hoy que tanto canturrean la libertad, vivimos otra época del manual de Carreño disfrazado e impuesta por la ética gay  y  la verdad de Hello Kitty. Por eso que pasan cosas como las que vemos hemos visto en estas semanas y la reflexión sobre lo verdaderamente importante es nula.
Cuando el Presidente de los Estados Unidos, “la mayor democracia del mundo”,  tiene que salir a recordarle al Senado de su país, que esta para servir al pueblo y no asociación de rifles, cuando sobre la voluntad ciudadana se encuentra el negocio de pocos, aunque este implique de manera descarada hacerse de la vista gorda y permitir el trafico legal de armas, cuando en lugar de representar a los votantes, los poderes de una nación se vuelven mercachifles de la muerte. Es que algo está podrido en Dinamarca, como escribiría Shakespeare en Hamlet.
Cuando el gobierno de un país defiende a los bancos y prefiere tener miles de casa vacías, desaprovechadas, mientras los ciudadanos buscan un pedazo de banqueta, o un puente para dormir. Algo está podrido en Dinamarca.
Cuando el mismo revoltoso del primero de diciembre, ese que se quejó de ser víctima de la policía reaparece en la toma de la rectoría de la UNAM, sin ser miembro de la comunidad universitaria. Algo está podrido en Dinamarca.
Cuando las fuerzas federales no pueden mantener la seguridad de un país, el gobierno maquilla las cifras de la mano de sus aliados en la prensa y los medios de comunicación, mientras que cada día se crean más grupos de autodefensas en las comunidades de nuestro país. Algo está podrido en Dinamarca.
Durante muchas décadas hemos escuchado que la democracia es el mejor de los gobiernos. La razones que nos dan son poco claras, la verdad sea dicha la democracia no funciona y el mismo Aristóteles la consideraba una forma corrupta de gobierno. Hoy con una sociedad que no puede ser acallada, mientras los periódicos agonizan y todavía tratan de hacernos creer la verdad oficial, en internet esta la verdad, la de los jóvenes, hombres y mujeres de carne y hueso que ya no beben el atole con el dedo que las diferentes plutarquías quieren hacernos creer es la realidad.
Hoy la democracia no defiende los intereses de ninguno de los votantes, como tampoco se preocupa por ejercer las leyes como es debido. Los movimientos como somos el 99%, democracia 2.0, son de orden global e intentan redefinir las maneras en que vemos a nuestros gobiernos y como esperamos ser gobernados.
Cuando, como pasa en Italia, las clases que han ejercido el poder en las últimas décadas se ven confrontadas por grupos como cinco estrellas y caen al borde de los que a los sensacionalistas les encanta llamar ingobernabilidad, existen hechos muy claros que refutan ese concepto. La primera es que la llamada sociedad civil no se detuvo, Italia siguió trabajando y los italianos en su vida diaria. Dos al final tuvieron que optar por un presidente cercano a los noventa años que no hará ninguna diferencia en la caída de la democracia italiana, es hora de revisar los modelos de gobierno y las formas de ejercerlo y ser representativo como se pretende, o simplemente aceptar el papel real del gobierno como mero administrador de bienes y nada más.
Los políticos no son más que títeres de grandes corporaciones o de los organismos financieros que deciden como quebrar países solo para poder mantener el reinado del miedo entre los civiles.
La democracia ha caducado, necesitamos buscar nuevas formas participativas, respetuosas de todos,  que no necesiten etiquetar, ni excluir; hombres, mujeres, feministas, heterosexuales, homosexuales, negro, blanco, hispano, asiático, todos son términos que han sido utilizados, en algún momento, para dividir y vencer a los seres humanos. La discordia es muy cercana a lo que hoy nos quieren hacer creer que es la democracia.
En Dinamarca, nada tiene por qué estar podrido.
 
Publicado el 23 de abril de 2013 en blureport.com.mx