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viernes, 28 de enero de 2022

Narcos México la tercera entrega de la tragicomedia nacional

 


Otra vez la combinación de excelentes guiones, buena dirección y actuaciones excepcionales muestra que la franquicia Narcos es la mejor en cuanto al crimen organizado que nos abruma.

Armando Enríquez Vázquez

La franquicia de Narcos, dedicada al crimen organizado de México a partir de los años setenta, llegó en 2021 a su tercera entrega, ubicada en la década final del siglo XX. La serie es sin duda la más artística de las versiones que se han hecho sobre nuestra desgracia nacional; como en el caso de las primeras temporadas dedicadas al narcotráfico en Colombia; los buenos guiones, las direcciones impecables, así como el casting y las actuaciones son la base de está extraordinaria serie.

Producida por la centenaria y legendaria empresa francesa Gaumont, las dos franquicias; Colombia y México han contado, con todo y las limitantes que imponen el poder y el crimen organizado aun presentes en ambos países, de manera más que digna la obscena realidad del continente, dejando una serie de ficción histórica de gran relevancia. La tercera temporada de Narcos México nos habla del vacío de liderazgo y poder entre los narcotraficantes mexicanos dejado por la captura de Miguel Ángel Félix Gallardo, interpretado de manera magistral por Diego Luna, en las dos entregas pasadas. Los hermanos Arellano Félix y el Cartel de Tijuana tomaron las riendas del tráfico en el país, pronto dos piedras se les aparecieron en el camino; el Cartel de Sinaloa y Amado Carrillo, el famoso Señor de los Cielos.

José María Yazpik es uno de los grandes pesos actorales de la tercera entrega pero no el único, su Amado Carrillo hace del narcotraficante un solitario similar al Miguel Ángel Félix Gallardo de Luna, pero sin el arribismo y elegancia del llamado en sus días Zar del narcotráfico, además de contrastar con la familia al estilo de la mafia de El Padrino de los Arellano Félix; Benjamín, Ramón, Francisco interpretados sin fuerza, ni importancia por actores totalmente olvidables, no así la fuerza de Mayra Hermosillo en el papel de Enedina Arellano Félix y que con su porte y silencio nos muestra a esta mujer que nunca ha sido detenida y de la que no se sabe su paradero, es considerada el cerebro del clan.

Historias paralelas de familias enfermas, no sólo porque las hijas de Amado Carrillo y Benjamín Arellano Félix padecen enfermedades terminales, sino por las historias de los Narco Juniors, esos aburridos jóvenes de clase alta de la sociedad tijuanense que decidieron salir de su mediocridad para jugar a ser parte del crimen organizado, solo para que al final fueran desechados de la peor manera por esos mismos criminales a los que idealizaron.

El trabajo de Luis Gerardo Méndez en el papel de un ficticio patrullero de Ciudad Juárez llamado Víctor Tapia, que comienza a investigar la desaparición y asesinatos de las jóvenes de las maquiladoras de la ciudad fronteriza, es extraordinario. Lejos, muy lejos de la comedia a la que nos tiene acostumbrados, Méndez construye el papel de un policía perdedor, mediocre, incapaz de involucrarse en nada bueno o malo hasta que, a regañadientes por petición de su esposa, visita a una vecina cuya sobrina ha desaparecido. Víctor comienza a visitar la morgue de Juárez de manera constante, sólo para ir descubriendo poco a poco el escondido terror que aún se vive en la ciudad más grande de Chihuahua, en la que se han cometido miles de feminicidios sin esclarecer. Luis Gerardo Méndez esta sin duda en uno de los mejores papeles de su vida y creo que será tan memorable como sus juniors de Nosotros los Nobles o Club de Cuervos.

Lo mismo sucede con la actriz Luisa Rubino que da vida a Andrea Núñez otro personaje ficticio que en su caso representa a todos los valientes periodistas tijuanenses que han luchado y luchan por dar a conocer los vínculos del entre políticos, empresarios y narco traficantes. Manuel Uriza interpreta al corrupto político mexicano, Carlos Hank González, cuyo nombre a diferencia de otros políticos en las entregas anteriores no fue alterado y sus nexos con Amado Carrillo y los Arellano Félix son ventilados en la tercera entrega. También están otros conocidos de la serie en su versión México y de franquicia original en Colombia; Wagner Moura (Pablo Escobar), Alberto Ammann (Pacho Herrera), Damián Alcázar (Gilberto Rodríguez Orejuela), los tiempos de los carteles colombianos y mexicanos son simultáneos y como le dice Pacho Herrera a Amado Carrillo, los mexicanos empezaron trabajando para los colombianos como transportistas y a la vuelta de la esquina fueron los colombianos los que terminaron al servicio de los grandes carteles mexicanos que ganaron y ganan más de lo que Pablo Escobar jamás soñó.

En esta tercera entrega se cuenta el nacimiento de la fuerte alianza entre El Chapo Guzmán (Alejandro Edda) y El Mayo Zambada (Alberto Guerra) para consolidar y solidificar al Cartel de Sinaloa.

La presencia del siempre tóxico y prepotente agente de la DEA, Walt Breslin (Scott McNairy) perdido con esos sentidos torcidos del deber y la justicia. De su moral que únicamente delatan su clarísima incapacidad para establecer un marco real dentro de su vida y su actuar.

No habrá cuarta temporada de Narcos Mexico, Netflix lo confirmó a finales de 2021. Lo que ha pasado en los 20 años desde el momento en que cierra la tercera entrega, no son menos melodramáticas a lo que ya hemos visto e incluyen las sospecha de atentar en contra de dos secretarios de gobernación, de allanar el camino a candidatos afines a ellos y a negociar con todas las fuerzas políticas mexicanas nos confirman que material hay, pero también miles de dificultades y peligros y tal vez por eso haya sido cancelada.

Esperemos en unos años ver una cuarta temporada en la que veamos al menos el fin del Cartel Golfo y el nacimiento de los Z.

imagen: Netflix

martes, 23 de junio de 2020

ZeroZeroZero una historia de familias.



Tres visiones, tres naciones, con sus tradiciones y características y tres grupos criminales demasiado definidos, dentro de ellos, tres tipos de familias diferentes.

Armando Enríquez Vázquez

Como en otras ocasiones la reseña esta llena de spoilers, si no estas dispuesto a que te arruine la serie, te recomiendo verla primero y después si quieres regresa a este texto.
Si algo nos quedó muy claro desde El Padrino de Mario Puzo, popularizada e internacionalizada por la excelente trilogía de Francis Ford Coppola, es que la familia es el núcleo más importante no únicamente para una sociedad “sana” sociedad, si no para el crimen organizado también. Después de la cinta de Coppola, un gran porcentaje de las películas acerca de organizaciones criminales tienen líneas narrativas que relacionan los núcleos familiares de los protagonistas.
La familia como tradición, como refugio, como fortaleza, como protección son los temas de la nueva serie de Amazon Prime. ZeroZeroZero es una historia de familias en la vista de diferentes culturas criminales en tres distintos países, que representan tres de los protagonistas de las cadenas criminales del planeta; vendedores que están en México, intermediarios en Estados Unidos y destinatarios en Italia.
ZeroZeroZero basada en la novela homónima de Roberto Saviano publicada en 2013. Es una historia acerca de la cocaína y de cómo más allá del crimen, la droga como cualquier producto que se exporta toca cientos de vida, lo que sirve de pretexto para contar una intriga, cuando en realidad la historia es más compleja y más humana. Habla de lo que muchos definen como el fundamento del tejido social. Tres visiones, tres naciones, con sus tradiciones y características y tres grupos criminales demasiado definidos, dentro de ellos, tres tipos de familias diferentes.
Con grandes actuaciones la serie nos lleva a través de las historias de una familia de comerciantes norteamericanos encabezada por Edward Lynwood (Gabriel Byrne), un intermediario que se encarga de llevar droga de América al continente europeo, en especial de Tampico a Calabria, la empresa de Lynwood se encuentra en Nueva Orleans donde el intermediario norteamericano vive con sus dos hijos; Emma (Andrea Risenborough) y Chris. La esposa de Lynwood murió años antes por causa de la enfermedad de Huntington y Chris (Dane DeHaan) ha heredado la enfermedad, por lo que de una manera natural y fría Edward ha decidido hacer a Emma la sucesora y cabeza de su negocio. Una familia endógama, desconfiada, sola como lo son muchos de los norteamericanos. Al iniciar la serie en una balacera en un lujoso restaurante de Monterrey, México, Edward es herido y a pesar de los esfuerzos de Emma y el rápido traslado del empresario norteamericano a su casa en Nueva Orleans muere dejando un negocio pendiente, el traslado de un cargamento de cocaína perteneciente a un cartel mexicano a Italia para entregarlo a la mafia calabresa liderada por un viejo capo llamado Don Minu (Adriano Chiaramida) que vive escondido, temiendo ser traicionado.
El viejo capo italiano teme a sus asociados, pero también a su familia. Su nieto Stefano (Giuseppe De Domenico) está interesado en vengar la muerte de su padre, a quien su abuelo asesinó cuando este en compañía de otros jóvenes de su generación quisieron rebelarse en contra del Don Minu. Stefano hará todo lo posible para que el cargamento que es transportado por barco desde Tampico no llegue a Calabria y Emma Lynwood se concentrará en que esto no suceda, mientras en Monterrey los hermanos Leyra esperan que el cargamento llegue a su destino para que Emma les pague. Los Leyra a su vez tienen ciertos problemas al interior de sus filas con un ex militar metido a narcotraficante, Manuel Contreras (Harold Torres).
La historia en general lidia con los temas de un trhiller, pero las traiciones familiares, el amor familiar, alianzas al interior de las familias, responsabilidad, empatía entre los miembros de un clan y también cuenta la historia de cómo uno puede crear su propia familia, si la vida no le ha dado esa oportunidad.
Y para crear la atmósfera correspondiente y la veracidad de los arcos narrativos, la compañía productora se concentró en un casting extraordinario con grandes actores. Andrea Risenborough interpreta una Emma Lynwood fría, calculadora, desconfiada y para la que su hermano no sólo es a quien debe proteger, sino a quien puede comenzar a darle alguna responsabilidad a pesar de las advertencias de su padre de nunca incluir a Chris en el negocio familiar y Dane DaHann recrea a un hombre joven con todos los miedos de quien esta cierto de la condena que tiene dictada por la enfermedad que ha heredado de su madre y que ha comenzado a manifestarse. Sin embargo, los Lynwood con su destino de tragedia griega, no son el centro de la serie porque la serie se parte siempre en tres, un tríptico de países, de familias y una sola trama que los une de una manera azarosa al principio y shakespeariana al final, cuando el orden es restaurado de la manera más lógicamente absurda y cruel.
Harold Torres es sin duda uno de los grandes actores de la serie y su papel de militar que se convierte en narcotraficante es uno de los más completos y complejos de la serie; adusto hombre de Dios, un descastado que creó una familia entre los militares y a esa familia la lleva por lo que él considera un mejor futuro. Una familia de militares leales a Manuel, comprometidos y convencidos de la visión de su líder y jefe de la manada. La torcida visión del bien y el mal de un hombre que asiste a una de las tantas iglesias protestantes que aparecen en México, que obliga a Manuel deshacerse del hombre más honesto a su cargo y asesinar a su superior.
Y entre los actores italianos es Adriano Chiaramida quien desde la ceguera y la vejez muestra una fuerza y determinación para no dejarse vencer por la generación de novatos ambiciosos y banales de la que es parte, y sólo un chivo expiatorio Stefano, su entusiasta y visceral nieto que no calcula nunca las consecuencias de sus actos. Don Minu siempre habrá una esperanza en las nuevas generaciones.
Los encuentros entre estos tres personajes, el crecimiento de cada uno de ellos y arcos narrativos paralelos interesantes hacen de ZeroZeroZero una de las series que vale mucho la pena verse, no es la serie de 2020, pero sin duda es una serie inteligente que cuenta las cosas de una manera fría e inteligente. ZeroZeroZero es la respuesta de Amazon Prime a Narcos, el hitazo, de Netflix y la realidad es que sí quiero ver una segunda temporada donde Emma, Manuel y Don Minu vuelvan a encontrarse, pero hasta el momento la segunda temporada no ha sido confirmada.

publicada en roastbrief el 23 de marzo de 2020
imagen Amazon Prime 

martes, 26 de mayo de 2020

Narcos México; entre De Palma, Shakespeare y las fake news.



La serie es sin duda uno de los mejores intentos por contar una historia que no se mostrará por completo en las próximas décadas. Una historia que se diversifica a diario.

Armando Enríquez Vázquez

El estreno de la segunda temporada de Narcos México, me dejó con un extraño sabor de boca. Por lado el reconocimiento a la gran camada de actores nacionales que estelarizan la serie. Diego Luna en al papel de Miguel Angel Félix Gallardo, José María Yazpik como Amado Carillo, Andrés Almeida quien interpreta al Cochiloco, Alejandro Edda que hace el papel de El Chapo Guzmán, lleva su papel en crecendo, peleando por destacar y fiel a sus amigos, le queda el mostrar su capacidad histriónica porque de suceder una tercera temporada, su personaje irá convirtiéndose en protagónico. Noé Hernández que hace el papel del policía juarense Rafael Aguilar, Gerardo Taracena que interpreta al despreocupado y campechano Pablo Acosta, y sin duda destacan la presencia de la tres empoderadas mujeres de la serie interpretadas por tres extraordinarias actrices; Teresa Ruiz que hace el papel de Isabella Bautista, un personaje ficticio basado en La Reina del Pacífico, que con su porte y osadía llena la pantalla, la norteamericana Sosie Bacon que interpreta a Mimi, la joven norteamericana amante de Pablo Acosta, pero sobre todo a Mayra Hermosillo quien tiene a su cargo representar a Enedina Arellano Félix, la poderosa matriarca del Cartel de Tijuana. Mención merece también Fernada Urrejola que interpreta a María Elvira, la primera esposa de Miguel Ángel Félix Gallardo. Las caracterizaciones de estos personajes que marcaron y siguen marcando la historia negra reciente de México son poderosas, pero humanas. Figuras de tragedias de Shakepeare. La soledad que va envolviendo a Miguel Ángel Félix Gallardo a lo largo de los diez capítulos de la segunda entrega. La capitulación impostergable de quien quiso ser dueño de todo el tráfico de estupefacientes está magistralmente actuada por Luna y escrita con una sobriedad desconocida en cualquier historia otra de narcos mexicanos. El hombre que se presenta como empresario, siempre elegantemente vestido, con un gusto refinado en sus grandes mansiones que inicia en una ostentosa boda y termina refugiándose en una finca abandonada tras un atentado contra él y que finalmente es apresado bebiendo whisky en calzoncillos sentado en una enorme mesa de su fastuosa mansión, me recuerda al Scarface de Brian de Palma. Luna ha hecho uno de sus grandes trabajos en la serie. Un ánimo siniestramente juguetón y muy mexicano en el sentido chingaquedito queda claro en el Cochiloco y el Chapo, que recuerdan a personajes de Shakespeare como Rozencrantz y Guildenstern, El Chapo además siempre está en busca del reconocimiento de sus amigos y compinches en especial de su jefe Héctor El Güero Palma (Gorka Lasaosa), feliz de sus pequeñas grandes bromas y pequeña victoria. Ambos personajes pueden cambiar de humor de forma inmediata para convertirse en violentos y brutales criminales. La personalidad de los miembros del Cártel de Sinaloa contrasta con la solemnidad de Benjamín Arellano Felix (Alfonso Dosal) y la pasiva adicción de su hermano Ramón (Manuel Masalva). Sí Félix Gallardo es Scarface, los Arellano Félix son los Corleone, con Benjamín como Sonny Corleone y Enedina como Michael. Lo campirano, afable y bonachón del astuto Juan Nepomuceno Guerra (Jesús Ochoa) ese mafioso que se rige por un código muy personal lo hace cercano a un Robin Hood. Las personalidades con las que se representa a estos hombres y mujeres históricos del crimen organizado mexicano obvian su violento actuar y su crueldad.
El complejo mosaico de personajes que integran esa etapa del crimen organizado en nuestro país, las desavenencias, las alianzas, traiciones y acuerdos rotos que comenzaron el baño de sangre en el territorio nacional el cual no se ha detenido desde ese entonces y que aunque suavizado y adecuado para la narrativa de la serie funciona muy bien, contrasta con la visión y representación de los agentes norteamericanos en una ficción que se vuelve una mentira acerca de la participación de los norteamericanos en este Boom del crimen organizado en nuestro país. El presidente Díaz Ordaz alguna vez declaró que México era el trampolín de la droga porque Estados Unidos era la alberca. Aunque las agencias americanas se la pasan haciendo sus listas de personas más buscadas, lo cierto es que como dibuja Narcos México a la DEA, CIA y otras agencias norteamericanas beneficiarias directas del narcotráfico y su dinero con el que financian operaciones ilegales que el congreso norteamericano no aprobaría, es maniquea y melodramática. Los norteamericanos en todos los niveles son cómplices de lo que sucede en México, baste recordar la participación directa del gobierno de Obama en la venta y tráfico de armas a los cárteles criminales de nuestro país.
En ese sentido son las actuaciones de Scoot McNairy (West Breslin), Clark Freeman (Ed Heath) tan falsas como es toda esa parte del guion de la serie. West Breslin es un mediocre personaje interpretado de manera mediocre por McNairy, por lo que las apariciones del agente de la DEA y su escuadrón resultan muchas veces desesperantes en el avance de la serie. Salvo Miguel Rodarte (Danilo Garza) que es muy reconocible por su presencia en las pantallas mexicanas, el escuadrón de McNairy es totalmente irrelevante, no hay un personaje al que podamos ubicar en un momento y darle una personalidad. Esa parte condescendiente de la serie es la parte que desde la primera temporada rompe con la verosimilitud en la historia de Narcos México, si bien el asesinato de Kiki Camarena sucedió y el gobierno mexicano en muchos niveles fue partícipe del mismo, los norteamericanos no han sido protagonistas en la historia de horror si no como una parte importante de la misma, nunca como antagonistas, son cómplices de la corrupción y de las muertes de muchos mexicanos inocentes. Por eso quien no conozca la historia reciente de México que les compre a su patético y triste agente McNairy.
La parte política está apenas dibujada y a diferencia de los personajes criminales, la mayoría de los personajes políticos no llevan los nombres reales de actores que aún figuran en el gobierno del país como Manuel Barttlet, personaje importante en la ecuación del fraude electoral y en el asesinato de Camarena. Los hermanos Salinas sus nexos con algunos de estos criminales como Juan Nepomuceno Guerra, están ahí dibujados.
La serie es sin duda uno de los mejores intentos por contar una historia que no se mostrará por completo en las próximas décadas. Una historia que se diversifica a diario, que se ha hecho más compleja y que da para otras cuantas temporadas de Narcos México en los próximos años, a diferencia de la parte de la historia colombiana. La tercera temporada está en la mesa de negociación de Netflix y pronto sabremos sí existirá.
Narcos es el triste recuento de la corrupción y la evolución del crimen organizado en México y ese poder oculto que se maneja desde las altas esferas del poder que sentó las bases para ese México que está en nuestra cotidianidad, en la representación mundial de nuestro país, aunque no nos guste. Pero que independientemente que se debe contar, no podemos opacar y Netflix lo ha hecho de una manera digna que no glorifica a los protagonistas. Intenta solamente retratarlos como son. Violentos criminales que se visten de seda, pero que no cambian en el interior.

publicado en roastbrief.com.mx el 24 de febrero de 2020
imagen: Netflix

miércoles, 15 de febrero de 2017

Censura falaz respuesta a la violencia.



¿Cuál podrá ser la razón por la que los mexicanos consumen narco series, como la mayoría de habitantes del mundo? Y ¿por qué las empresas de producción de entretenimiento continúan realizándolas?  

Armando Enríquez Vázquez

Cuando la senadora del Partido Verde, Lía Limón, propuso la eliminación o el cambio de horarios para las narco series, lo único que demostró es su gran ignorancia en un tema que ha sido materia de una política populista a nivel mundial, una materia que pretende simplificar problemas mucho más graves que los contenidos de la televisión, el cine o cualquier expresión humana dedicada a reflejar el país u la época en la que vivimos: una materia que sin eufemismos llamamos censura.
Y cuando hablo de ignorancia por parte de la senadora, habría que recordarle a la legisladora, la gran cantidad de ideas y momentos en que censurar y los actos de censura que se han llevado a cabo en ese mismo sentido y el fracaso rotundo que han tenido.
Uno de los más recientes ocurrió durante el sexenio de Miguel de la Madrid cuando se prohibieron y sacaron del aire con el silencioso y servil contubernio de Emilio Azcárraga Milmo series de televisión como Los Intocables o Ultraman por considerarlas violentas en exceso para las audiencias mexicanas. A pesar de la censura puritana surgida desde Los Pinos la violencia en México continuó en aumento y algunas de estas series son consideradas clásicos de la televisión mundial.
La actual violencia en las pantallas es sólo reflejo de la situación social que vivimos en todo el mundo y en México. Las series españolas de comedia o drama no tienen problema de hablar de uno de los grandes problemas que aquejan a la península ibérica como es la trata de mujeres de las ex repúblicas comunistas del este de Europa, y sin embargo, los miembros del PP, PSOE, Podemos o Ciudadanos no apuntan a censurar la televisión de entretenimiento en España, si no a resolver el problemas desde los órganos jurídicos y de justicia responsables.
Durante años el gobierno norteamericano ha querido también acusar a Hollywood y a la televisión por promover la violencia, con una respuesta nada tímida, ni censurada de actores, directores y productores que han demostrado que la raíz de la violencia está muy lejos de los foros y locaciones donde se realizan las producciones y más cercana a la ineficacia y la agenda de intereses de los legisladores norteamericanos.
Pensemos por un momento ¿Cuál podrá ser la razón por la que los mexicanos consumen narco series, como la mayoría de habitantes del mundo? Y ¿por qué las empresas de producción de entretenimiento continúan realizándolas?
De acuerdo con Denise de Rougemont en su clásico Amor y Occidente, no hay nada que nos guste más que una historia de amor y muerte. Parece que en 2016 una de las mejores maneras de combinar estos ingredientes se encuentra en una de las más patéticas realidades sociales; el crimen organizado y por supuesto audiencia igual a rating, rating igual a mayores patrocinios o ventas de publicidad.
En todos los países se producen este tipo de contenidos; novelas, películas y series de televisión tiene el elemento del crimen organizado y son de gran consumo. 
Una de las complejidades del cine o la televisión de entretenimiento es que además de una forma de expresión, se trata de industrias que como tal deben ser redituables.
La censura planteada por la senadora Lía Limón es como toda censura un pretexto para no aceptar la ineficacia del gobierno en las áreas de seguridad e intentar tapar el sol con un dedo imponiendo realidades falaces a los habitantes, en este caso a los espectadores. Los verdaderos promotores de la violencia en los medios se encuentran disfrazados muchas veces de jefes de redacción, o directores de medios, como alguno que yo conozco y que en una ocasión espetó: No son nuestros familiares así que no importa llenar los noticieros de sangre, que es lo que vende. Es entonces cuando la violencia se deslinda de una historia y se vuelve un vil pretexto para vender. Es cuando carece de un contexto verídico y se resalta su más vil y vulgar aspecto morboso con pretexto de ganar un punto de rating, eso si es algo realmente censurable.
Por supuesto que existen los excesos y la gratuidad de la violencia en los medios; las primeras planas de la nota roja son la verdadera pornografía que daña al tan mencionado tejido social. Ni que decir de tanto video grupero, reggaetonero y popero cuyas imágenes incitan a la violencia de género, al desprecio por las mujeres, pero ese tipo de agresión visual parece que le es indiferente a la senadora, como fue el caso a principios de este año del video del cantante Gerardo Ortiz, que curiosamente fue criticado y atacado desde las redes sociales y más tarde desde SEGOB y el mucho después por el poder legislativo.
La sociedad abierta de estos días tiene el poder del veto ante lo que considera fuera de las reglas sociales y lo hace cada cinco minutos las veinticuatro horas del día a lo largo de toda la semana. Declaraciones desafortunadas, imágenes inapropiadas, asaltos y políticos prepotentes son muchas veces puestas en evidencia por los medios virtuales antes que por los medios tradicionales o las autoridades.
La censura está relacionada de manera directa con el control, con el autoritarismo y la egolatría de los gobernantes, no con la prevención o acciones en contra de esa violencia que tanto nos afecta y nos preocupa. La censura es la madre de una hipocresía oficial que pretende negar la realidad.
La censura, como tal sólo daña y atenta contra la Libertad de expresión y de creación, mientras que, por otro lado, el de la confrontación y desobediencia, plantea el reto, al autor, de cómo darles la vuelta a esas reglas absurdas. En el caso de la publicidad en México durante muchos años estuvo prohibido el atacar y hacer comparaciones con la competencia, algo que se hace en muchos países y que recientemente hemos visto en el mercado mexicano en la pelea entre Netflix y Televisa, contrario a la moralina que mantenía esta ley, el consumidor ha demostrado tener muy claro quién es quién en el mercado de la distribución de contenidos y se ha divertido con la campaña, muchos publicistas de antaño llenaban sus comerciales de dummys que asemejaban los colores y tipografía de su competencia con nombre ficticios que los ayudaron a darle la vuelta a esos actos infantiles de censura.
Demostrando así que contra las decisiones arbitrarias e impensadas también existe la creatividad para de manera sutil revocarlas.

publicado en roastbrief.com.mx el 7 de noviembre de 2016